De (un raro) buen humor. La orquesta de Glenn Miller en México.

agosto 24, 2011

Me gusta la música de Glenn Miller. Mi papá solía poner un LP de éxitos y me resultaba bastante agradable al oído, así que en cuanto supe que la Glenn Miller Orchestra tocaría en el Teatro Metropolitan no dudé en comprar mi boleto con anticipación.

Llegada la fecha anunciada me apersoné en el teatro y grande fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba todo apagado y solo había un hombre informando que se había pospuesto para dentro de dos meses. “Hubiera estado padre que avisaran”, le dije y me mencionó que el boleto sería válido para la nueva fecha. “Ah bueno, eso lo soluciona todo, una vuelta hasta acá de en balde como quiera me hacía falta”. Al llegar a casa guardé muy bien el boleto en medio de un libro para la nueva ocasión.

Hoy por fin, ocurrió el concierto. Me alisté y fue entonces que me dí cuenta que algo no estaba bien: no recordaba en que maldito libro había dejado el boleto. Tengo buena memoria, o por lo menos eso presumo, así que recordé el momento en que lo guardé, ví en mi recuerdo que era un libro rojo y saqué el Basta de Historias de A. Oppenheimer. Una hojeada rápida, lo sacudí y nada. Cuarenta libros después me comencé a desesperar. Me ví en la penosa necesidad de pedir ayuda, mi hermana se ofreció amablemente después de pendejearme y cuando estaba a punto de darme por vencido lo encontró en el libro de Oppenheimer que había yo buscado primero.

En eso comenzó a diluviar, vi el reloj y pensé que podía esperar unos cuantos minutos a que pasara el aguacero. Dadas las inundaciones que se registran por todos lados con su respectivo caos vial opté por el transporte público en vez de mi carro. El agua no amainaba, así que me salí a media tormenta. Poco antes de llegar a la parada de autobús pasé por un puesto de tacos, el suelo grasoso y el agua formaban una pista de patinaje así que resbalé y caí con toda mi humanidad. Fue de esos madrazos que entumen pero primero volteas a ver quién te vio hacer el oso. Rato después el metro anunció “marcha lenta”, aparte se iba deteniendo.

Todo lo anterior me hizo reflexionar y preguntarme “¿Por qué no hago caso del universo que me ha estado insistiendo que no vaya a ese pinche concierto?”

La respuesta la encontré al llegar por fin al teatro que estaba lleno hasta las lámparas. El concierto comenzó con una fina selección de temas que hicieron la delicia de chicos y grandes. Bueno, mas bien de puros grandes, pues la asistencia estaba conformada en su inmensa mayoría por cabecitas de algodón, seleccionados sub80, adultos en plenitud, vetarros pues. El monstruo de mil cabezas emitía cascadas de aplausos y vítores convirtiendo aquello paulatinamente una olla de presión que amenazaba con explotar en cualquier momento.

Todo el párrafo anterior aparte de mamón, es inventado, pues llegué como media hora después de que comenzó el concierto debido a todos los contratiempos antes mencionados.

Una vez repatingado (como dice Gil Gamés) en mi incomoda butaca, disfruté plenamente del sonido cálido y vibrante de los metales de la Orquesta de Glenn Miller. Temas como Pennsylvania, Patrulla Americana, Chatanooga Choo-choo, Don´t sit under the apple tree, un formidable arreglo de la Rapsodia en Azul de Gershwin y el final de la primera parte del concierto con la inconfundible rúbrica de “In the mood” tema que fue una de las génesis del rock and roll.

La segunda parte del concierto apeló mas bien a temas románticos inundando el ambiente de color azul, las parejas abrazadas se mecían al ritmo de la música y cuando llegó el final del concierto con la preciosa Moonlight Serenade me transporté a los años cuarenta cuando la actual sala de conciertos era un cine gigantesco. Miré hacia la audiencia, los hombres lucian traje a rayas y sombrero, y estaban fumando dentro de la sala. Las mujeres de largo, sombrero y abanico. Y al voltear al escenario una gigantesca pantalla llena de cine en blanco y negro. Los aplausos finales me hicieron volver al presente.

Los pelados corrieron (corrimos dijo el otro) hacia el metro para alcanzar uno de los últimos trenes pues casí era media noche. Los de los boletos caros hicieron fila para esperar su carro y todos nos dirigimos a nuestras casas (O al motel, ya picados con la Moonlight Serenade) llenos de tal regocijo que nos brillaban los ojitos.

Por eso hay ocasiones en que aunque el universo te diga que no vayas al concierto de Glenn Miller, mejor ignóralo y ve.

Apagando fuego con gasolina

agosto 3, 2011

Anoche una turba enardecida golpeó hasta que llegó la policia a un tipo acusado de intentar violar a una muchacha vecina del barrio donde vivo. Me di cuenta de ello al pasar por alli. El tipo estaba en muy mal estado a bordo de una ambulancia. No me dió menos coraje que a cualquiera de mis vecinos el aberrante acto de este tipo (que afortunadamente no se consumó). Por otra parte me enoja mucho saber que el lugar en donde vivo ha dejado de ser tranquilo. Pero en una cosa no pienso igual a todos los que se lo madrearon: No estoy de acuerdo con los linchamientos ni forma alguna de hacerse justicia por su propia mano.

El manifestarlo ante mis vecinos y compañeros de trabajo cada vez que surge el tema me vuelve impopular. Me dicen cosas como “ya estamos hasta la madre”, “tu piensas así por que nunca te ha tocado”. “Seguro tienes algún pariente que se dedica al hampa”. Yo tambien estoy “hasta la madre” y aún mas enojado. Afortunadamente sé gobernar a la bestia que vive en mi y todos llevamos dentro. Pero se equivocan en las dos ultimas suposiciones. He sido asaltado como la gran mayoria de mis vecinos y hasta donde sé, no tengo parientes delincuentes. Si así fuera ruego se me juzgue por mis actos, no los de mis parientes.

La razón por la que no estoy de acuerdo es muy sencilla: Los actos que se realizan con el higado y no con el cerebro generalmente no tienen buenos resultados. Pensemos por un momento en lo fácil que resultaria acusar a cualquiera de lo que sea y provocar que lo torture y mate una muchedumbre enardecida y por su propia naturaleza, incontrolable. Basta recordar el caso de Tláhuac en donde unos espias del gobierno buscando celulas del EPR fueron acusados de secuestradores y terminaron golpeados hasta la muerte y después calcinados a nivel nacional via TV.

Por mucho y muy justificado que sea nuestro coraje debemos seguir optando por las leyes. Aunque nuestro sistema de impartición de justicia sea tan lamentable. Hagámos uno mejor, vigilemoslo. Hacerse responsable de nuestras instituciones supone un esfuerzo mayor a por ejemplo, patear a un delincuente moribundo y prenderle fuego una vez que ya lo golpearon otras cuarenta personas.

Cuesta mas trabajo, pero nos iría mejor.

Pesadilla de una tarde dominical

diciembre 29, 2010

¡Ándenles muchachos, se acerca Navidad, na-vi-dad, na-vi-dad! Lalo Guerrero (1916-2005)  es considerado como el padre de la música chicana. Aun y cuando su obra consta de muy variados géneros hoy en día la mayoría de quienes conocen sus canciones aquí en México ni siquiera saben que él es el autor y padre de “las ardillitas” cuyos temas inundan las calles de la ciudad, y lo que es peor para él -o mejor dicho, para quien haya heredado las regalías de su música- en recopilaciones piratas, grabadas en cd’s que se ofrecen escandalosamente lo mismo en vagones del metro que en puestos ambulantes por doquier.

 Parece ser la música de fondo de la histeria colectiva de los chilangos haciendo sus compras navideñas que van desde figuras para el nacimiento, adornos navideños, ingredientes para cena, botellas, regalos y sinfín de artículos que dirigen al capitalino al centro de la ciudad, no me refiero a las personas de clase media hacia arriba -quienes acuden a los grandes centros comerciales de Santa Fe, Perisur, Antara-Si no a la marabunta humana que se dirige al centro tanto de compras como de paseo en esta temporada, haciendo escala en el zócalo, En donde para no olvidar nuestras arraigadas costumbres alpinas, los chilangos hacen filas interminables para patinar graciosamente en hielo, bajar en rampas de nieve y en general divertirse de lo lindo a la manera en que seguramente en Noruega hay un reducto en pleno centro en donde los nativos de Oslo, pueden hacer lo mismo suertes charras en briosos corceles que  volibol playero.

A mi amigo Jorge parece no agradarle mucho el tema de las ardillitas de Lalo Guerrero, cada que lo escucha, -es decir, en cada esquina- se tapa los oídos y voltea a verme con cara de desesperación. Entonces apretamos el paso para apartarnos de ese ruido en medio de cientos de puestos y miles de personas. Solo para encontrarnos el mismo tema más adelante.

Decidimos hacer una escala después de mucho caminar en un tour que incluyó el Palacio de los Deportes, los mercados de Jamaica y Sonora y por ultimo todo el centro desde Circunvalación hasta el Eje central. Con excepción del palacio a todos los demás puntos llegamos a pie. Así que a petición mía nos detuvimos en el 7-Eleven de la Torre Latino, para tomar esa delicia de agua caliente que con mucha imaginación es un café americano. Una vez con el café cruzamos Eje Central para sentarnos en las jardineras del Palacio de Bellas Artes.

Habíamos hecho algunas compras y mientras sorbía mi café, prendí un cigarro y comenzamos a platicar de lo de siempre, mientras yo me quejo el me da ánimos y como no queriendo le pregunto por una ex que es amiga de el por cuadragésima vez desde que prometí no volver a hacerlo. No es que me importe, pero como es de esperarse siempre me dice que no sabe.

Una vez que emprendimos el camino hacia el metro un ruido nos hizo voltear, por difícil que pareciera pues todas las calles y avenidas principales estaban atestadas de coches marchando a vuelta de rueda cuando podían hacerlo. Ocurrió un percance que se oyó fuerte. Es decir, no era de extrañar que ocurriera alguna coalición, un recargòn, pero aquí lo que ocurrió fue un fuerte choque. Sigo sin explicarme como pudo haber alguien acelerado, sin embargo sucedió, volteamos a ver y estaba rebotando una suburban contra otro carro. La gente acudió pronta, de repente me sorprendió ver a un señor levantarse de entre la camioneta y otro carro. Varios intentaron abrir el vehículo para golpear al conductor, un hombre de más de sesenta años que viajaba con su familia incluyendo una pequeña que se miraba aterrorizada.

Me acerqué y me di cuenta que no era solo el señor que se levantó entre los carros la victima del percance, la imagen verdaderamente cruel era la de una niña de unos doce años que yacía inerte boca abajo con la cabeza sobre un charco de sangre.

Por lo céntrico del lugar al instante llegaron policías que libraron al hombre de ser linchado por la turba que se formó al instante. Mientras tanto una pareja suplicaba ayuda, eran los padres de la niña. El policía pidió la presencia de una ambulancia por medio del radio.

Algo dentro de mí se rompió en ese instante. Levanté la vista para todos lados y me desesperó ver las calles atiborradas de vehículos, me pareció imposible la llegada de una ambulancia. No puedo presumir ser alguien de mucha fe. Creo en Dios sin embargo soy muy mal católico, voy ocasionalmente a misa y trato de portarme bien no por virtud si no por necesidad de tranquilidad, en resumen soy muy mal ejemplo de lo que un buen cristiano es. Sin embargo creo que incluso  los que no somos muy buenos merecemos ser escuchados, y lo somos. Comencé a rezar en silencio suplicando por pronta ayuda. Dicen que eso sirve, me hubiera gustado haber hecho algo más útil, pero solo se me ocurriò eso. No sé muchos rezos, los repetí en forma cíclica con suplicas encarecidas. Me partía el alma ver cuánto tardaba en llegar la ambulancia. El padre trataba de reanimar a su hija, los policías se lo impedían “No la mueva, no la mueva”

¡Es mi hija! –Suplicaba el hombre-  Muy a lo lejos se divisó una torreta, cuando por fin llegó una ambulancia, unos veinte minutos después de sucedido el accidente bajaron los paramédicos con una camilla. Solo pude alcanzar a ver entre mucha gente que revisaron a la niña y minutos después volvieron a subir la camilla a la ambulancia, sin la niña. Comenzaron a llenar un reporte en una tabla al instante que los policías abrazaban a los padres que lloraban inconsolables.

No es que no me guste llorar, no lo acostumbro. Como toda la gente lloro de dolor, de frustración, de alegría, cuando me conmueve una música, una película, una vez me emocioné tanto de ver patinar a una pareja que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Invierno que se me nublaron los ojos y comencé a llorar, pero me dio vergüenza ser tan maricòn y me recriminé el no ser un macho bragao. Como mi papá tampoco lo es, pero aparenta. La única vez que lo vi hacerlo fue por error, me metí sin tocar a su habitación pensando que no estaba y lo encontré llorando por la muerte de su madrastra, aunque aparentemente no le había dado mucha importancia ante nosotros. Seguro aprendí de el eso de no llorar en público. Como les digo, aunque lloro no me sucede muy a menudo.

Sin embargo en ese instante al darme cuenta que ya no la iban a levantar, -pues la cruz roja no levanta cadáveres- se me hizo un nudo en la garganta y sentí ese sabor salado, no pude mas y comencé a llorar como si hubiera conocido a la niña de toda la vida, no podía dejar de hacerlo. Si mi padre me hubiera visto seguro me hubiera reconvenido “no seas tan sentimental cabròn muchacho, ¿pus que no eres hombre?”

Nos alejamos de allí, ya era de noche. Casi no cruzamos palabra hasta que nos despedimos, supongo que mi amigo no sabía que decirme y lo entiendo. A pocos metros de allí la vida seguía muy normal, de hecho nadie se dio cuenta de lo sucedido los vendedores gritaban su mercancía, niños jugaban, y por todos lados alguna fuente de sonido estridente, incluida por su puesto la canción de las ardillitas.

Sé que la vida no es justa y mejor es acostumbrarse a ello, aceptar que no lo es y no tiene por qué serlo. Sin embargo pocas cosas considero tan tristes y dolorosas como una muerte así. Francisco Javier González  quien además de ser periodista deportivo y narrar de manera muy emocionante el fútbol  escribe excepcionalmente, dijo una vez en una editorial por la radio dándole un pésame a un amigo a quien se le había muerto un hijo: “Las guerras resultan traumatizantes -además de la barbarie que en si representan- por el hecho de que se trastoca el sentido normal de la vida. Lo normal es que los hijos entierren a sus padres, pero en las guerras sucede al revés. Si la vida fuera justa existiría una especie de ley divina que sentenciaría que nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia moriría ningún niño, sin embargo la vida es como la conocemos”.

Se de unos padres que pasaron la navidad más horrible imaginable, de otra familia que pasó un momento horrible que le cambió la vida, pues estoy seguro que el conductor no quería matar a nadie. Y de mi sé que me hubiera gustado que eso jamas sucediera, que me hubiera gustado no estar allí o por lo menos poder haber hecho algo. Si de algo sirve sigo pidiendo por que todos tengamos paz.

De aqui nadie sale vivo

noviembre 2, 2010

No me agradan los muertos. Si alguno de ellos está leyendo esto -y con esto de que ahora ya todo mundo se ha vuelto de mírame y no me toques-, le pido me disculpe y no sienta discriminación de mi parte ni forme frente alguno para demandarme ante la CNDH por mis comentarios hacia la suya que no es ninguna minoría, pues seguro estoy que a lo largo de la historia de la humanidad han sido mas los muertos que los que quedamos vivos. Y a final de cuentas  todos nos vamos a petatear, cosa que por lo demás me desagrada bastante. Les digo, no me agradan los muertos.

Es que se ven muy mal siempre, aún cuando han pasado por las manos de un artista embalsamador son contadas las ocasiones en que se ven bien, hoy día suelen llenar las portadas e interiores de las paginas de los tabloides, quienes en la tapa tienen a unos balaceados con narcomensaje atado y en la contraportada una teibolera. Primero te aterrorizan y luego pretenden hacerte creer que una mujer de esas en tu vida, es posible. Y bueno, no mienten; claro que lo es. Pagando por supuesto.

Regresando a los muertos nunca me ha gustado ir a velorios, no digamos entierros. Nunca se decir las palabras adecuadas, odio los lugares comunes “No somos nada”, “pasò a mejor vida” “ya goza de la presencia de Dios” y lo único que hago es hacerle saber al deudo que estoy con el con un abrazo. Se me hace de muy mal gusto ir a ver al difunto a través del cristal de su féretro pero todo mundo tiene una fascinación por ello. Y si del entierro hablamos las escenas de histeria musicalizadas con un mariachi interpretando las golondrinas mientras el ataúd deciente y gente queriéndose aventar al hoyo mientras se deshace en llanto no me resultan nada gratas. Debo reconocer sin embargo que para esos tangos los nacos nos pintamos solos.

Sucede que la muerte de algún cercano nos sorprende siempre y nos exhibe ante nosotros mismos como unos ingratos que solíamos escatimar el afecto hacia “el hoy occiso” –periodística manera de nota roja de llamar a los muertos-. Pero hoy que ha muerto queremos hacerle saber a el, a la amable concurrencia y a nosotros mismos que lo queríamos mucho, que somos unos grandes amigos y que si bien en vida le llamábamos solo cuando necesitábamos un favor, hablábamos de el a su espalda, y nos enojábamos cuando no podía hacernos un favor, ya saben, esas cosas que hacemos los verdaderos amigos. Pero hoy ya muerto le queremos pedir perdón a Papà, no se diga a Mamà, que ingrato fui contigo siempre y los hermanos y amigos se convierten automáticamente al morir en un dechado de virtudes que por si fuera poco cantaban re bonito. Chava Flores lo dijo mejor al cantar “Cerro sus ojitos Cleto” sobre todo esa parte de “Cuando vivía el infeliz ya que se muera, y hoy que ya està en el veliz, que bueno era” Asì pues me han tocado ver escenas memorables como hijos borrachos llorando a moco tendido y literalmente pidiendo a los demás que los entierren en ese momento junto a la difuntita mamà o la ocasión en que enterraron a un vecino con su caguama para el viaje y un futbolista con un balòn para que siguiera jugando en ese incierto “mas allà”.

Y en fechas como hoy, por si fuera poco nos sale el “ingenio del Mexicano” ingenio bastante cuestionable que nos convierte en poetas de “Calaveritas” versos de métrica desigual, rimas imposibles y humor soso. Por si fuera poco existe una costumbre de decir que el mexicano “se rie de la muerte” y por eso le escribe versos. Yo más bien considero que le tenemos tanto miedo que pretendemos reírnos de nervios, como un niño silbando en la obscuridad para no sentir miedo. Son contadas las personas a quienes les quedan bien, pues observan reglas gramáticas y poseen un verdadero ingenio, como Roberto Gómez Junco, Marco Antonio Flota, Georgina González y por supuesto, yo.

Con las ofrendas multiingredientes y panteones floridos en este día (y secos el resto del año) no me meteré las respeto por es una tradición muy arraigada y por ende no escribiré que pienso que no hacen si no reafirmar esa cualidad que tenemos de querer mucho al muertito y gastarle hoy lo que le regateábamos en vida.

Así pues lamento si no les resulto muy grato este texto que no reivindica a los muertos ni se suma a los festejos de hoy. No estoy seguro de que exista algo después de esta vida, ¿a donde van los muertos?, quien sabe a donde irán. Mas que imaginármelos en un lugar etéreo sin hacer nada y solo ocupados observándome y viniendo a espantar recuerdo a los que conocí y me dejaron algo, o tuvieron una vida tan plena que los hace aun permanecer en la memoria colectiva. Y les agradezco todo lo que me dicen sobre todo cuando se mueren repentinamente. Me dicen sin palabras ni en mensajes desde el mas allá, me dicen con su muerte “Vive ahora por que mañana quien sabe”.

Está bien, me imagino que estos muertos míos al ser mexicanos son bien sentimentales y rencorosos, así que por no dejar los felicito, veladora no les prendí pero ahora que recuerdo Pemex es en parte mía según el discurso oficial así que agarren el mechero mas grande de Poza Rica y aprópiense de su luz y sean muy felices para toda la eternidad, aunque no me caigan ustedes muy bien. Y pensar que yo también me voy a morir algún día.

Bueno, ojala y no.

Paul McCartney en Mèxico

junio 9, 2010

“Tres conejos en un arbol, tocando el tambor, que si, que no, que si lo he visto yo” Escuché alguna vez recitar eso a Paul McCartney en una grabación presentada en el Club de los Beatles de Universal Stereo, programa que escucho desde hace unos veinte años y del cual tengo una credencial. Yo que siempre me burlo de mi hermano fan y miembro de un fanclub de StarWars, le reitero que ser fan de cualquier cosa y pertenecer a un club es ñoño y esa gente es incapaz de conseguir sexo.

¿Alguien que trabaja de músico gana bien? Fue una de las primeras preguntas que me hizo una chica nada interesada en una primera cita al enterarse de que una de mis actividades era tocar los teclados en una banda. -Bueno, si, si te llamas Paul McCartney. –Quise contestar haciéndome el chistoso para liberar algo de tensión producto de mis desesperantes nervios y para ocultarle que no he conocido a nadie que se dedique a la música para hacer dinero-. Algunos hacen mucho, otros viven al día, y he conocido a quienes tocan a cambio de cerveza o por galantear con las mujeres.

Pero estaba muy equivocado, Paul McCartney no trabaja de músico. Es un músico todo el tiempo, inventa canciones de cualquier cosa y lo escuché cantar eso de los tres conejos con voz de tenor para alguna aria que compuso. Me queda claro que no le da vergüenza nada. En el concierto del pasado jueves y de hecho cada que viene a México reitera que estudió español en la primaria y lo que recuerda de sus lecciones es ese enunciado, la gente lo adora tanto que se lo celebra. Si yo fuera a Inglaterra, me postrara ante una audiencia y les dijera “Estudié inglés en la secundaria y lo que recuerdo de entonces es “my car is red”, “John is a doctor”, “pollito chicken, gallina hen, lapiz péncil y pluma pen” seguramente la muchedumbre la agarraría contra mi a pedradas o iban por una ambulancia para encerrarme. A veces odio no ser Paul McCartney.

No realmente, el jueves 27 de mayo del presente dio el primero de dos conciertos en el Foro Sol de la Ciudad de México. Hasta el domingo anterior al concierto me encontraba resignado a no ir, bueno eso decía, pero en el fondo sabia que llegado el momento me iba a poner muy mal. Afortunadamente para los que conviven conmigo, pude conseguir un par de entradas de última hora en taquilla. Me ofrecían unos boletos caros pero opté por los de la zona general, de pie. Sobra decir que me hizo optar por esas localidades.

Un amigo al enterarse de los conciertos me mandó un mensaje de compas “chinga tu madre si vas al concierto y no me avisas, yo también quiero ir”. De compas le contesté “No voy a ir pendejo, no hay varo y chinga la tuya”. Así que días después al estar formado en taquilla le marqué “oye wey, estoy formado y si hay boletos todavía para McCartney, siempre si vas a querer uno?”. -Si! Si! No mames, comprame uno. -Ok, mira el precio es de… -Ah pinche ojete, no me lo vas a disparar? -Ni madres, en primera por que ando justo, tengo otros gastos, en segunda por que soy tu amigo no tu papá y en tercera por que en segunda. ¿Lo vas a querer o no? Por que ya estoy por llegar a la ventanilla -Si, sí! Cómpralo, cómpralo. Le llamé en la noche para reiterarle el precio, acordar detalles y decirle de cosas.

Llegó el añorado día, pasó por mi en medió de una pertinaz lluvia, nos arrancamos con destino al Foro Sol, un par de kilómetros después de partir me dijo “a ver enséñame los boletos, no se te hayan olvidado wey” Se los mostré señalándole el precio y exclamó. -Orale, chido, te discutiste. -Te discutiste la chingada, si no me lo pagas antes de entrar lo revendo. Por respuesta dio un enfrenón, orilló el carro -No mames, no me lo vas a disparar. -No, quedamos en que me lo ibas a pagar. -Pero no tengo. -Ya sabía yo que ibas a salir con una mamada. Vamonos, después me lo pagas. -Pero no voy a tener pronto. -Oh que la chingada, ya dame la mitad y no ahorita cuando puedas! Pero ya vamonos! -No, es que…pues tu dijiste que me lo ibas a disparar. Mi amigo confiaba en que un amigo es un amigo y no le iba yo a hacer la chingadera de dejarlo vestido y alborotado, que me iba a ablandar al grado de ya regalárselo y todos felices.

Rato después estábamos de regreso en mi casa y yo entrando y diciéndole a mi hermana. Cámbiate, nos vamos a ver McCartney. -¿Y tu amigo? -Que te alistes te digo, ese cabrón no va. Al llegar al foro, barruntos de tormenta empardecìan el firmamento. Ay que mamón, estaba bien nublado pues. -Capas de a diez, orale llévela de a diez pa que no la pague a veinte allá adentro” Los comerciantes de oportunidad se ponían listos, rato después comenzó el chipi-chipi. La llovizna pues. -Capas de a veinte, lleve su capa de a veinte pa que no la pague a cincuenta allá adentro. Aprendí más de economía en diez minutos que en años de leer la sección de finanzas y espesos tratados de una bola de aburridos que nunca tuvieron idea de los Beatles. Por fortuna llevábamos un par de impermeables que había comprado con antelación. “Two of us, wearing raincoats”

-Me anda del baño. -Ah que la canción, no pasaste allá en la casa? Chale…pus ni hablar mujer, trais puñal, ahí están los baños. El infierno del Dante es un oasis comparado con el interior de un Sanirent, no me ha quedado de otra que entrar a uno de esos un par de veces en mi vida. Siempre me he preguntado que se sentirá ser el primero en entrar a uno, por que siempre que entro yo aparenta haber sido utilizado con antelación como por dos mil personas. -Ten, llévate un cigarro, te lo prendo. -Guacala, yo no fumo. -¿Guacala? Este cigarro te va a oler a campos floridos, no le jales si quieres, nomas póntelo en la boca. -Que no! Al salir obviamente traía cara de odiar a la humanidad. Una de las particularidades que tiene el Foro Sol, además de ser un pésimo lugar para ver conciertos, a menos claro que compres un boleto V.I.P. es que está bien pinche lejos de la calle. Caminas un parque, la pista del autodromo, y al llegar al estadio le tiene que dar toda la vuelta. Por fin llegamos, faltaban unos veinte minutos para el supuesto comienzo y buscamos un lugar desde donde se viera más o menos.

-Mira. Ahí está casi vacio. Cuando llegamos nos dimos cuenta que dicho espacio estaba casi vacío por que no se veía ni madres. Había una enorme carpa desde donde operaban la consola de sonido y no dejaba ver nada. Así caminamos a todo lo largo y ancho del terreno asignado a la perrada. De la mitad de la cancha para atrás. Afortunadamente llevaba un par de miralejos marca diablo que me hacían ver muy bien el escenario, claro con las amables interrupciones de los que pasaban con su charolota de cervezas, de palomitas, refrescos, esquites, y madre y media. ¿Estos vienen a tragar o a ver a McCartney? Mi lado amable afloró.

Se encendieron las pantallas y la multitud exclamo emocionada, una especie de collage de videos e imágenes con fondo musical corroan de abajo para arriba y parecía que era cosa de minutos. Y si fue de minutos pero como de veinte, pa acabarla de amolar en esos momentos se soltó el aguacero, pero nomás salió su mero padre Paul McCartney, hasta el agua se quito. Tlaloc ama a McCartney. Se apagaron las luces, se encendió el escenario iluminando a la muchedumbre que ya estaba loca de contenta y eso que todavía no empezaba el concierto. Ataviado de pantalón y saco negro con vivos rojos, camisa blanca y tirantes rojos, salió McCartney saludando al respetable y no tan respetable, al publico pues. -Hola México! -Holaaaaaa!!!!!!! -Hola chilango! -Ahhhhhhh!!!!!!!! Y no faltó un gato junto a mi que exclamó “también habemos potosinos wey!”

Y arrancó el concierto con un popurrí compuesto por Venus and Mars seguida de Rockshow, la banda emocionada con un jubilo en las caras como si estuvieran viendo a un Beatle, bueno, estaban viendo a un Beatle, pero con cara de “chin, esa no la conozco, que ya toque Yesterday pa que pueda yo cantar” y en eso, ora perros, tomen changos su banana, comenzaron los acordes de “Jet” y pus era feliz el indio y le dieron maracas, no no no, se caía el mula estadio. No hubo ni un naco que no siguiera el coro gritando “Jet” dando un puñetazo en todo lo alto. La inmensa mayoría de la concurrencia tampoco sabe que Jet, no se trata de ningún avión, si no de un caballo que tenía Paul. Que raro, Paul compuso una canción dedicada a su caballo y la llamo Jet, y Jose Alfredo Jiménez compuso una llamada “el caballo blanco” y se refería a un carro que tenía. No cabe duda que los musicos están bien chiflados.

 Acto seguido comenzó “All my loving” con imágenes en las pantallas de la primera época de los beatles, esa en la que usaban trajes sin cuellos y el corte de pelo a la beatle, -que adecuado que los beatles se cortaran el corte de pelo a la beatle-, hasta parecian hermanos. Todo mundo cantaba o intentaba cantar la rola en su inglés de acento chilango al tiempo que pegaban de brincos como chapulin en comal caliente. Bueno está bien, cantábamos y bailábamos. Yo quería escuchar a Paul pero pues como todos gritaban la rola me les uní yo si con mi excelente pronunciación, ritmo y bien timbrada voz. Quizás la audiencia mexicana sea una de las mas entusiastas que ha presenciado un concierto de McCartney, -según las propias palabras de el y su banda- por el hecho de que la música Beatle se sigue escuchando hoy en día con mucha presencia en la radio del DF. “Los malditos Beatles están tocando mejor que nunca” –me contó un beatlemano que acababa de escuchar por cuadragésima ocasión el album blanco-. Quizás sea la impaciencia de tanto esperar –como dice la canción-. O quizás solo sea el hecho de que somos una raza de una naturaleza histerica, apatica, dramatica. Desunidos para todo, menos para las desgracias, las bodas y quince años, y para recibir al Papa viajero o para corear a McCartney, quien es un icono para esa religión llamada RockandRoll.

-Ya que cante una que no se sepan estos criados pa que dejen oir bien. –pensé- Así sucedió cuando cantó Changes del disco del bombero, o con 1985, ambas rolas geniales. Como todo lo que hace McCartney. Durante Let’em in, el estadio entero prendia y apagaba los encendedores al ritmo de la musica creando una vista espectacular. Sergio Zurita comentó después enfadado en su programa de radio que el publico mexicano es tan naco que va a un concierto a que lo vean a el. Al escuchar eso recordé a las decenas de asistentes ataviados a la usanza Sargent Pepper, con su traje de satín azul estilo militar, replica del usado por Paul para la portada de dicho disco. Pero esa piedra también me descalabró, pues al pensar que ponerme para ir, recordé una playera que tenía en el olvido que tiene la particularidad de portar en el pecho un letrero electronico de leds rojos al que se le pueden insertar mensajes que caminan, convirtiendo al portador de la misma en un display comercial con patas.Le inserté un par de mensajes uno que decía “McCartney Rocks!” y otro “Paul, quiero tener un hijo tuyo” Efectivamente que naco es el fan mexicano. He de decir sin afán de presumir que causó sensación la playera pues constantemente me detenian para verla y decian “orale! No mames! Donde la compraste?” yo contestaba ¿Dónde compré que? Ah ¿esta playera? ah pues por ahí, es solo una playera. “Yo quiero una!!! ¿Cuánto te costó?” -No recuerdo, no me fijo en eso, bye!

Es difícil encontrar los highlights o momentos cumbre en un concierto que se la pasa en casi todo momento al tope, pues este tipo tiene mas números 1 que un cientoncemilcientonce obviamente las de cajón fueron las más coreadas. No soy un tipo muy entusiasta pero contagiado del ambiente me la pasé cantando, brincando y balanceándome al ritmo de la música. Cuando cantó “My love” fue el momento mas romántico. Cada quien cogió a su pareja (así se dice) la abrazó por la espalda y ocurrieron miles de arrimones, por ende se concebieron miles de peques, yo contagiado por el ambiente volteé a mi lado y al darme cuenta que quien me acompañaba era mi hermana y que lo mio lo mio no es el incesto, pues me segui balanceando como niño autista. Lo mas emotivo ocurrió durante los homenajes a los beatles culpables de que jamás se vuelvan a reunir. John y George y son culpables pues por que ya están muertos, avisaron que con ellos, que mejor no cuenten. A George lo homenajeo tocando Something, al principio con un ukulele solo y a media canción se le unió toda la banda haciendo una interpretación enorme de esa gran canción. A mas de uno se le aflojó el sentimiento, y peor aún cuando fue turno de homenajear a John cantando “here, today” y posteriormente “un dia en la vida” seguida de “give peace a chance”. Particularmente el momento que mas me gusta de un concierto de McCartney es inevitablemente Live and let die. La primera ocasión que presencié uno confieso que las explosiones me tiraron en mi silla, estando de pie al momento del estallido me aventó el ruido, la emoción, y terminé sentado, solo para pararme de inmediato y seguir cantando. En esta ocasión quise hacer lo mismo, solo que recordé que no tenia silla y en consecuencia solo grité “a huevo putos!, esos son cuetes y no mamadas!, si hasta parece que estoy en Tultepec!”, y siempre que termina esa rola McCartney bromea sacudiendo el humo y desaprobando tanto ruido.

No faltará quien diga que Paul es totalmente predecible, pues quienes hemos ido a sus shows o los hemos visto en video, ya hasta nos sabemos el orden, los encores, y la rola con la que va a terminar, y no nos importa! Es como ir a ver tu película favorita veinte veces y emocionarte siempre y sentir suspenso aunque sepas el final.

Por supuesto que parte de ese orden incluye el momento acustico cuando se va toda la banda y se queda el con su guitarra a interpretar Blackbird, y otras que cambia como We can work it out o Calico Skies. Constantemente señalaba los letreros de la gente popis de hasta adelante como el de “Ho, hei ho” que lució durante la interpretación de Mrs Vandelbit. O uno de una muchacha quien después supe se llama Gina, quien desde rato hace estaba jodiendo con un letrero en el que le pedia bailar con el. Al interpretar Get Back el la invita a subir, tarda ella un montón pue son es precisamente una gacela y papas, que se pone a bailar, iba ataviada de mezclilla con una playera blanca que la hacia lucier un enorme par de…aretes, no, de tetas. Estaba bien chichona y pues ya se imaginarán el despapaye que se armó entre la perrada. Nomas imaginensela brincando y pues bom, bom, bom y aca abajo parecia burlesque. Bailó con los musicos y con el mismismo McCartney, quien al despedirla le dijo “muchas chichis, ou nou, perdón, chichis gracias!. La verdad es que esto lo acabo de inventar pero hubiera estado fregón que así le hubiera dicho.

Para concluir interpretó las que ya le han de caer re gordas de que las tiene que tocar a huevo, Let it be, y Hey Jude, donde obviamente nos dimos vuelo coreando el NA, NA , NA , NA, NA, NA, NAAA, HEY JUDE!” cuando se levanta a dirigir el coro McCartney baila como el tio borracho de la fiesta, hasta hacer el ridículo le sale perfecto y se ve genial. En el ultimo encore o regreso interpretó Helter Skelter, para la bola de ignorantes que siempre dicen “los beatles son fresas”, “John era el rocker, Paul el fresa, componia puras mermeladas” Es tan energética esa canción con esa bateria que hizo gritar a Ringo “tengo ampollas en los dedos” y las guitarras distorsionadas suenan tan metálicas que cada que la oigo me siento bien malo y que el diablo se apodera de mi y me dice “saca el churro y pon una porno, y luego vamos a patear indigentes” pero afortunadamente nunca le hago caso a excepción de la porno y para que se me quite lo malora enseguida pongo el submarino amarillo”. Para terminar pues obviamente termina con “the end” antecedida por el reprise del sargento pimienta, al baterista Abe Laboriel Jr. Se ve como un autentico demonio, pues con su enorme humanidad de 160 kilos, tez negra, y los litros de sudor que con el calor que hace en el escenario provocan que se le evaporen mientras está tocando y cuenta “one, two trhee, tour!” A media canción durante su “solo” se adueña del escenario para concluir con un duelo de tres guitarras entre Paul y sus músicos, finalizando con “and ind the end, the love you take, is equal to the love, you make”, chingo de papelitos con los colores de la bandera nacional y sale Paul de “caemebien” ondeando nuestro lábaro patrio. El Foro Sol es una caldera hirviente y los miles de asistentes una muchedumbre vuelta loca pidiendo mas, pero pus ya, aquí se rompió una jerga y se van todos pa su casa.

El exodo a la salida fue tumultuoso, compré un par de playeras, una de ellas para mi amigo que a la mera hora no vino conmigo y por quien no dejé de sentir algo de tristeza. Era casi la una de la mañana, los taxis se dejaban pedir una millonada y los micros cobraban una tarifa como si lo fueran a llevar a uno a Pachuca. Y pues como dijo Alfredo, ya ni llorar es bueno, regresé a casa de madrugada y al otro día me tuve que levantar temprano pero con un gusto que parecía que acaba de pasar la noche con Jackie Garcia. Durante el día le mandé un mensaje a mi amigo “Que pasó wey? No mames, estuvo bien chingón!, te traje un souvenir, pasa a la casa en la tarde pa que lo veas”.

Una amistad siempre es digna de aquilatar, por que con tu pareja invariablemente finges, eres lo mas honesto que puedes, pero hay cosas que no le cuentas por que no es sano, en cambio con un amigo, con un amigo eres como realmente eres. Kike por ejemplo, me contestó el mensaje: -Vas y chingas a tu madre, pinche puto.

 -Vete a la…entonces no quieres la playera?

-Al rato paso, pero de todos modos vas y…

Cine y teatro, recomiendo.

junio 1, 2010

No soy experto en cine, ni en teatro, ni en nada. Simplemente me gusta ir cada que puedo y a veces hasta cuando no puedo. Hoy era uno de esos días en que no podía, pero al ver la cartelera me dieron muchas ganas.

A veces una película regular se convierte en una memorable si en vez de ir al cine la vez en la recamara o en el sofá al lado de la persona que amas. Por eso hoy me fui a los cines y el teatro de a solapa, y casi siempre hago eso. Y fue genial, y no quiero dejar de recomendárselas para que vayan.

EL SECRETO DE SUS OJOS

Recuerdo haberme emocionado bastante hace algunos años después de ver una película al grado de llegar a casa y hablar con mi gente de ella con un entusiasmo comparable al de un escuincle a su regreso de Disneylandia. A la fecha es una de mis favoritas y la sigo recomendando. Tal película se llama “El hijo de la novia”, es argentina, fue dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín llamado “el mejor actor del mundo” entre burlas y veras por Sergio Zurita.

Dicho tandem se vuelve a reunir, filma otra película y se gana el Oscar a película en lengua extranjera. Tal filme se llama “El secreto de sus ojos” y por fin llegó a las pantallas mexicanas este fin de semana. Confieso que ya la habia visto hace un par de meses en un DVD que si yo tuviera hijos, avergonzados dirian que “tienen un papa pidata” pero ya fui a verla a la pantallota del cine y me volví a emocionar o quizás un poco mas. Contrario a Daniel Rabinovich de “Les Luthiers” quien en un sketch aseguraba haber visto una película dos veces, con la salvedad de que en la segunda ocasión no le entendíó.

El secreto de sus ojos es un trhiller policiaco, pero es también una historia de amor, y tiene dosis de comedia, es decir que quien vaya a ver esta película lo mismo se emociona, se sienta al filo de la butaca, rie y hasta suelta su lagrima. Comienza en el presente cuando Benjamín Esposito (Ricardo Darín) un detective retirado con afición por la escritura decide intentar una novela recordando un caso que lo dejó marcado. Transcurría 1974, a su lugar de trabajo llega una mujer hermosa llamada Irene (Soledad Villamil) a ocupar el puesto de su nueva jefa, a Esposito le ocurre el “amor a primera vista” pero sin atreverse nunca a actuar al respecto.

 Al mismo tiempo sucede un crimen, una joven mujer es violada y asesinada y el es asignado para resolver el caso. Parece lograrlo pero llegado el momento se encuentra con todo en su contra y tiene que escapar. La acción regresa al presente, a reencontrarse con el caso y con su amor platónico de aquel entonces. Y obvio que aquí les dejo de contar la trama pa que no le zumben los oidos a mi sacrosanta jefecita.

La dosis de comedia que mencioné corre a cargo de Guillermo Francella, a quienes muchos recordarán por hacer el papel de un buscador de talentos y promotor argentino en la película “Rudo y Cursi” aquí hace el papel de compañero de trabajo y amigo del protagonista, pero lejos de ser un patiño de esos que parecen no tener vida propia y solo existen en las películas o series para escuchar al amigo y hacerse el chistoso. Aquí Francella hace a un policía alcohólico pero leal y a la postre fundamental en la búsqueda del asesino. Por si fuera poco, para los amantes del futbol o “fúrbol” como dicen los argentinos tambien da esta hermosa película, he visto muchas con trama deportiva y puedo asegurar que nunca haba visto una secuencia igual a la que vi aquí, transcurre sin cortes, comienza con una toma aerea del abarrotado estadio del equipo Huracán durante un encuentro nocturno entre este y el Racing Club de Avellaneda, con la narración del radio. La toma vuela sobre la cancha durante el partido, se va a las tribunas sobre las cabezas de los espectadores y hasta colocar en primer plano a los protagonistas, hay una persecución y termina otra vez en la cancha. Es vertiginosa, muy emocionante. Además hay mención a dos futbolistas que jugaron en México, que solo los muy clavados al soccer como yo alguna vez lo fui conocen, se trata de Brindisi, quien dirigió al Atlas y Ataulfo Sanchez, quien defendió el arco del glorioso América.

En fin, que de verdad, si quieren pasar un par de horas viendo una gran película no dejen de ir al cine a ver esta joya, que se llama “el secreto de sus ojos” por que hace mucho énfasis en ello, tanto la trama, como la cinematografia están basadas en las miradas de los protagonistas.

ABEL

Un niño gordo actuó al lado de Gael Garcia Bernal y Ludwika Paleta en “El abuelo y yo”, después fui hijo de Huicho Domínguez y la tesorito en “El premio mayor”, luego se dio su besote con Gael, ha sido adoptado por Kevin Costner en un western, se casó con Zoé Saldaña y fue amigo de Tom Hanks en “la terminal”, ha sido un imitador de Michael Jackson, un estafador al lado de John C. Reilly, y muchos papeles mas, ya había dirigido un documental acerca de la vida de J.C. Chávez y hoy presenta su primer largometraje. Sin contar que está casado con Camila Sodi, que ya con eso me pude haber ahorrado todo lo anterior para que se merezca el respeto de todo mundo. Si señores, a Diego Luna parece salirle todo bien. Pues Abel, está muy buena.

Narra la historia de Abel, un niño con un trastorno de personalidad que lo hace asumir el papel del jefe de la casa, se cree el padre de sus hermanos y marido de su mamá. Su verdadero padre está ausente, se fue a Estados Unidos y han dejado de tener noticias de el, la mamá se las ve muy difícil para poder mantenerlos. La historia transcurre en Aguascalientes en la actualidad, la madre trata de no llevarle la contraria y le pide a sus hermanos hacer lo mismo, ya que ello lo afecta mucho y significaría que se lleven a Abel a la ciudad de México para ser atendido. Quizás un pensamiento egoísta, preferir tener a un hijo enfermo pero en casa que ser atendido aunque lejos de ella, pero francamente yo no me atrevo a juzgarla así, ya que ni soy mujer ni me ha abandonado mi esposo, ni he sido madre, ni mis hijos es lo único que tengo, ni soy nada, yo soy ebanista y estoy barnizando esta madre. Ok, eso ultimo es parte de un chiste de polo polo, pero me dieron ganas de decirlo.

Un día súbitamente se aparece el papá de Abel quien muy quitado de la pena regresa a su casa a reclamar su lugar y se suscitan un lógica serie de desencuentros y enredos debido al padecimiento de Abel y el resentimiento de la mamá y hermana y confusión del mas pequeño de la familia. La gente nos reímos tanto en el cine que se podria decir que esto es una comedia pero con tintes dramáticos. Como la vida. Muy buen reparto encabezado por unos niños tiernísimos que según se, no son actores pero fueron capacitados después de un casting, Karina Guidi en el papel de la mamá y ese gran actor llamado José Maria Yaspik personificando al papá, luciendo una panzota chelera y haciendo un papel que a todos nos divierte pero nos deja ver a un perfecto desgraciado. Actuación especial además de Carlos Aragón, un gran actor a quien muchos conocen por un comercial en el que vende su estomago por que ya no aguanta el ardor, y a mi me encanta y me divierte mucho cada que lo veo en ese gran programa de Canal Once llamado “¿Quien dijo yo?” en donde cinco verdaderos actores juegan a improvisar. Muchos dicen que hay que apoyar al cine mexicano, por que es mexicano, yo a esta la recomiendo ampliamente no por mexicana, si no por buena. Hagan buen cine y me cae que la industria camina, hagan porquerías como “paradas continuas” “así del precipicio”, “ladies night” y verán que no se les paran ni las moscas.

TRABAJANDO UN DIA PARTICULAR

Hay grandes obras de teatro en las que se invierte bastante en escenografia, vestuario, efectos, un enorme inmueble para escenificar, en la cual los actores son glamorosos. Esta, no es una de esas obras.

Yo no sabía donde estaba el teatro “el milagro” solo sabía que en la calle de Milán, la cual tampoco sabía muy bien donde se localizaba, tenia una idea, tampoco es que la estuviera yo buscando por la villa, el caso es que estaba yo en el centro, saliendo de ver Abel, agarré un taxi y le dije al ruletero “lleveme a Milán”

 -Uy joven, yo nomas aquí en el Distrito, si salimos al Estado de México es lo doble, pero ya Milan está de al tiro lejos.

-La calle de Milán.

-Jajaja, ya se hombre, un chascarrillo, animo! ¿Donde queda esa calle?

 Me aterré al darme cuenta que me habia subido al taxi de un comediante que no conocia las calles.

 -Pues no sé, creo que por aquí, antes de llegar a Reforma, ¿pues que usted no sabe?

-Pus soy taxista no la guia roji, ahhh, ya se, es una callecita que está aquí cerca, que lugar busca?

-El teatro el milagro

-No pus sepa la bola, está cortita la calle, lo dejo alli y ahí lo busca si quiere.

Al llegar a Milan encontré una referencia que me dijo sin duda que ahí era el teatro.

-Ah mire, déjeme ahí!

-¿Dónde?

-Alli, junto a Giménez Cacho.

-¿Quién?

-El señor de camisa verde.

 Me bajé y habia unas cuantas personas, el teatro no tiene cara de serlo hasta que no ves el anuncio de neón que al estar apagado pues no se notaba. Unas de esas personas eran Laura Almelo y Daniel Giménez Cacho, ella sentada en la banqueta tomandose una Coca-Cola y el de pie platicando con ella mientras disfrutaba un trago y fumaba un cigarro. ¿Me veré muy naco si le pido tomarse una foto conmigo? –pensé- Después de meditarlo unos instantes y fumar para calmar mi ansiedad (ignoro por que, pero me da muchos nervios la gente famosa, los sigo considerando de otra galaxia) decidí que si, que si me vería de al tiro muy naco.

Así que le pedí a un extraño que me la tomara y a Daniel que si se tomaba una foto conmigo, ambos accedieron gustosos. Compré mi entrada, el costo es muy accesible comparado con otras obras. No manches, en promedio el teatro comercial hoy en dia está en 400, 450, pero para ver Mamma Mia, o el musical de Timbiriche tienes que pagar 750 del aguila! Pues ni que incluyera brinco con Ana Brenda. En fin, aquí cuesta 140 y los viernes 50 varitos. Le pregunté al muchacho que me vendió el boleto si ya podía pasar y me dijo “no, es que es arriba la obra y hasta que se les avise pueden acceder. Ni hablar mujer, traes puñal. –Pensé con el tonito ese de Nosotros los Pobres, que sale a cada rato en la tele y ya hasta me sé los diálogos-.

En eso entro Giménez Cacho y nos dijo a todos ¿comenzamos? Nos quedamos viendo unos a otros preguntandonos ¿Y por que nos pregunta a nosotros? Pero accedimos con la cabeza. Asi que lo seguimos por las escaleras, llegamos al foro, un teatro de regular tamaño, es decir, no tan grande como el Metropolitan pero no tan pequeño como La gruta, y mientras ocupabamos nuestros lugares, nos dimos cuenta que la obra ya habia comenzado desde la calle, me tocó muy buen lugar, aunque de cualquier punto se ve bien. En cada esquina del escenario y a unos centímetros de los espectadores se comenzaron a vestir los protagonistas. Jiménez Cacho se queda en calzones para ponerse los pantalones y zapatos de su personaje, después se quita la camisa verde que traia y se enfunda la blanca que estaba alli, Laura Almelo se mete dentro de un vestido y se saca los pantalones, y comienzan a acomodar las cosas de la estenografía, una tina con sabanas y ropa, una mesa con mantel, una silla, una pistola, una maleta llena de libros y lo demás….lo demás no habia. Pero también lo colocaron o mejor dicho, lo dibujaron.

Ambos actores sacan sus gises y se ponen a dibujar unas ventanas, una jaula, un retrato de una viejecita. Todo está listo para el inicio, así que arranca la obra, las luces y el audio ambiental son operados por …Daniel Giménez Cacho! Quien acciona una mezcladora conecatada a una laptop operada por el con un pequeño control remoto que guarda en la bolsa de su pantalón.

 La accion se desarrolla en los treintas, Hitler visita Roma, Mussolinni lo recibe encabezando un desfile junto a el, el Fhurer e Il duche viven tiempos de gloria. La gran mayoria acudió al desfile, pero los protagonistas de esta historia no, la obra comienza simultáneamente en ambas viviendas, el en la suya está a punto de pegarse un tiro, ella en la propia está lidiando con su perico, quien se acaba de escapar de la jaula y se va a parar en la ventana de el, su hasta entonces desconocido vecino. El tiene la pistola en su cabeza cuando suena su timbre, así comienza todo, ella le salva la vida involuntariamente, o mejor dicho el perico de ella, o mejor dicho el destino que quiso que el perico se fuera a postrar alli. O mejor dicho cada quien ve lo que quiere ver. Ella es una abnegada ama de casa, esposa de un militar, madre de seis hijos y orgullosa de estar a punto del premio que le dan a cada familia al llegar a siete. Obviamente admiradora de Mussolinni. El un locutor, soltero, obligado a pagar un impuesto por no tener hijos, “el impuesto del celibato” “Como si la soledad fuera una riqueza” –exclama el- todos reímos en la sala, yo instantes después de reir tragué saliva. El le ayuda a atrapar al perico, después la invita a pasar, le intenta regalar un libro de los que tenia en la maleta, la invita a un café pero ella se muestra cortante, no estaba bien visto estar en la vivienda de un hombre soltero, y menos con una portera tan metiche y chismosa.

 Todo transcurre en una tarde, según se nota en el reloj –que también dibujaban y borraban para cambiar la hora- Si hacia falta hablar por teléfono, pues bastaba con dibujarlo en la pared, si había que abrir la puerta, se dibujaba que se abría, faltaba mas. Cada que sonaba un timbre se hacia con un efecto de sonido que emanaba de sus propias bocas, asi a medio dialogo hacen “piiiii, tocan el timbre, quien será?” Una mirilla por la cual ver quien era el que tocaba el timbre era muy util, así que no hacia falta mas que dibujarla con el gis. Rato después el la visita para insistir en regalarle el libro que a ella le había interesado de los que vió en la maleta, ella lo invita a pasar, le ofrece un café y mientras el repasa el album de fotos que contiene una leyenda que dice “Un hombre solo es hombre si es padre, esposo y soldado”. Lo cual lo descalificaba automáticamente pues no era ni padre, ni esposo, ni soldado y habia sido corrido de su trabajo por ser homosexual. No podía estar mas lejos de manera de pensar y ser de esa mujer ordinaria, ama de casa, esposa de un militar, de ideas fascistas. Sin embargo…

Honestamente es uno de las mejores obras que he presenciado, sobra decir que los protagonistas son grandes actores, al terminar la obra se voltean al publico, dan las gracias, y no baja el telón, pues por que no hay telón. Estaba yo esperando a ver si lo dibujaban y cuanto se iban a tardar en ello, pero simplemente se vuelven a cambiar de ropa alli mientras los demas aplaudimos con júbilo (por la obra, no por verlos encuerarse) y Giménez Cacho vuelve a dejar las luces como estaban al entrar a la sala. No se si no ha quedado lo suficientemente claro que me encantó y que la recomiendo mucho y que mejor le apuren a verla por que ya solo estará hasta el 27 de junio según me dijo el muchacho de los boletos y me encuestó al final de la obra.

Camino hacia Insurgentes, abordo el metrobús con destino a casa y no soy el mismo que cuando comenzó la película argentina de mediodía que tanto me gustó, ni antes de entrar a ver Abel, el debut como director de Diego Luna ni antes de la experiencia que fue presenciar “Trabajando un dia particular”.

No soy el mismo por que aparte de ser unas horas mas viejo voy en el metrobus con la sensación de que no se ha acabado la obra que acabo de ver, que no se si la vida imita al arte o al revés. Que todos abordo son una especie de ensamble, coro, elenco de mi obra y yo a mi vez soy el elenco de la de los demás.

Amor de unas horas

abril 13, 2010

Existen diversos tipos de relaciones entre un hombre y una mujer. Cuando niño pensaba que un hombre y una mujer juntos necesariamente eran pareja, lo cual significaba a) que eran esposos, b) que eran novios. Con los años fui conociendo otros tipos de pareja, los amantes, los amigos cariñosos, los amigos nadamás, los amigos que no se atreven a andar muy a pesar de uno de ellos, y más, pero un día descubrí las parejas de ocasión. Supe que son conocidos como affaire en donde acaso terminan preguntándose el nombre.

 Yo tenia 18 años, ella era algo mayor. Pero nos caímos bien enseguida, primero el contacto visual, se acercó a preguntarme algo, no recuerdo que, momento, no me preguntó nada, ya lo recuerdo, me pidió que la dejase entrar en la fila delante mio, yo llevaba ya un par de horas allí con tal de tener buen lugar, cuando ella llegó vio que la fila daba muy lejos y se le hizo fácil pedírmelo. No sé si fue su sonrisa, la familiaridad con la que me habló o que simplemente no me pude resistir y accedí. Tan agradecida estaba que me tomó del brazo a la manera que lo hacían las parejas de antaño y no me soltó nunca. Sintió tanta confianza que comenzó a platicarme de si misma, tenia una charla amena. Bueno, una charla, es una charla. Yo no acostumbraba platicar mucho con nadie. Nunca pasó por mi cabeza que fuera peligroso, además estábamos en igualdad de circunstancias pues ella podria estar entablando amistad con un loco peligroso, estafador, maniático sexual, agente secreto del Gobierno, afortunadamente para ella yo no era nada de eso. Realmente yo no era otra cosa si no un muchacho huevón que ni estudiaba ni trabajaba solo me justificaba ayudandole a mi mamá en un pequeño changarro que teniamos y me la pasaba escapando de los regaños de mi padre y exhortaciones pletoricas de amor adulto encriptado en palabras soeces a buscarme un trabajo. Usaba el cabello largo, vestía de mezclilla negra y tenia una extraña fascinación por presenciar las trasmisiones de los programas de televisión y radio. Particularmente me confieso fan por aquel entonces de un animador de ojos azules cuyo encanto radicaba en burlarse de la gente y abusar de muletillas bobas que a muchos nos daban risa. Pocos años después cayó abatido por ametralladora saliendo de una taqueria a la que había ido a desayunar junto a su equipo de trabajo. Jamas se aclaró el asesinato, apenas normal si consideramos que estamos en México en donde cometer un crimen y salir impune es perfectamente posible siempre y cuando se posea el poder necesario. En aquellos años el país fue sacudido por una crisis brutal que disparó el precio del dólar, y engendró un mecanismo para que solidariamente todos los mexicanos de aquel entonces y varias generaciones después ayudáramos a que no colapsaran los bancos y sus bondadosos propietarios. Lo llamaron Fobaproa.

 A pesar de tal crisis a Paco Stanley le fue de maravilla, tal vez cuando la gente se siente mas jodida tiene mas necesidad de ser entretenida y conducía dos programas muy exitosos, uno en radio y otro en TV. El de radio se llamaba Estrellas W, show de aficionados con aspiraciones a cantante famoso en donde tiempo después concursé junto al grupo en el cual tocaba, obviamente no ganamos pero viví la experiencia de sentirme morir de nervios en un estudio desde la vieja W en Ayuntamiento 52 en el mero centro de la ciudad y en TV una revista cómico musical llamada Pacatelas. Si, eran tiempos de crisis. Viendo la televisión actual que se hace en México veo que lejos de salir de la crisis nos hundimos más. Antes por lo menos era divertida. Me encantaba pisar esos estudios llenos de historia “aquí cantó Agustín Lara, Pedro Vargas, Pedro Infante, José Alfredo, Cri-cri y todos los demás” “dicen que todavía espanta Pedro Infante”

Si, ella era algo mayor que yo, entre setenta y ochenta le calculo. Llevaba consigo un enorme tecolote de color azul con ojos bailones elaborado con la técnica del macramé sobre una tabla de cartón rigido. ¿Para que demonios querrá esa cosa tan rara? –pensé-.

-Se lo voy a regalar a Paco –pareció haberme leído la duda en mis ojos- Lo quiero mucho, siempre vengo a verlo aquí y a Televisa.

Insisto en que no se si le inspiré mucha confianza, se sentía muy sola, o simplemente me usó para evadir la fila, pero al poco rato ya me tenia sujetado del brazo como si fuéramos pareja o por lo menos como si fuera yo su familiar.

Cuando le pregunté por su familia me contó que sus hijos ya ni la visitaban, mucho menos los nietos. “nadamas el día de la madre y en navidad, así son los hijos, cabrones”. Afortunadamente ella no me hizo pregunta alguna acerca de mi estilo de vida, pues a pesar de ser un huevonazo no me enorgullecía serlo y mentir nunca me salió bien. Hubiera terminado inventándole una historia ridícula por inverosímil.

Entramos a la transmisión del programa, “el traca” era un hombre viejo y de quien Paco se burlaba y todos secundábamos que trabajaba en la W con un padecimiento que le impedía hablar bien y hacia las veces de jala-aplausos. Cuando la transmisión comenzaba, iba y regresaba de corte el nos indicaba con las manos y gritando “mas fuerte!” que rompiéramos el silencio con estruendosos y espontáneos aplausos para que la transmisión saliera de lujo. Uno a uno fueron pasando los concursantes, entre las actuaciones y los cortes a comercial Paco se orillaba a fumar o atendía a quien no se resistía las ganas de acercarse a saludarlo o darle algún regalo. Era muy malhablado y se llevaba a mentadas de madre con su staff. La gente jodida suele sentir una admiración que raya en el fanatismo por los personajes de la televisión.

Nunca le pregunté su nombre así que me referiré a esa mujer  como “Ella”. Bien, pues ella se levantó en un corte, fue el único momento en que me soltó el brazo y cargó con su ridículo tecolote de hilo azul con ojos bailones que era casi del tamaño de ella misma, le ofrecí ayudarla pero me lo impidió. Tenia que entregarlo personalmente, cuando llegó con Paco, el se le quedó viendo a la artesanía , fingió gusto y le dijo: “miraaa, que bonito, usted lo hizo con sus manitas?” Asintió con la cabeza, Paco la abrazó, un asistente recogió el regalo y ella reflejaba un gusto indescriptible en el rostro. Le dijo mas cosas que no alcancé a oir y finalmente regresó a su lugar junto a mi. Como era de esperarse volvió a engancharse de mi brazo.

 Al terminar el programa, y ya en la calle me despedí de ella no sin antes preguntarle si quería que la acompañara al metro. Llevaba yo menos de dos horas de conocerla y ya sentía que si no la acompañaba algo le podía pasar y yo no soportaría la culpa, pero no se que me hizo pensar eso si llevaba años de ir sola.

 -¿Ya te vas? Nombre, vamos a Televisa, ahorita Paco se fue para allá ¿no quieres ver el programa de tele en vivo? Se pone mas chingón.

-Nunca he ido a la tele –pensé- no manches, ahí está la edecán esa que me gusta, está bonita y se le miran unas piernotas en la tele.

-Pero no se como llegar a Televisa –le dije-

 -Pero yo si, te digo que siempre voy, órale, vamonos en taxi pa llegar mas pronto.

-Pero no traigo pa´l taxi

-Ah que la canción, yo si traigo, deja de poner tantos pretextos canijo muchacho.

No conocía bien el centro por aquel entonces, Televisa Chapultepec queda a unas cuadras de la W, tal vez hubiéramos llegado mas rápido caminando, sobre todo a esa hora que el transito estaba intenso. Llegamos por fin a nuestro destino y había una fila larguísima.

-Uchala, no vamos a entrar jefa.

-Tú no te apures, ya me conocen los de la puerta y yo entro sin formarme.

En la fila reconocí a varias personas que solía ver en la fila de la W, ¿Qué no tendrán quehacer? –Pensé- Ese cuate con el portafolio y de corbata seguramente le dice a su esposa que se sale a trabajar o a buscar trabajo y míralo, siempre está aquí el muy huevón. Un momento, pero si ya lo conozco por que vengo también muy seguido, significa que yo igual soy un paria.

Al abrir la puerta y comenzar a meter al público en grupos de diez mas o menos, ella se apersonó en la puerta e insistió vehementemente que la dejaran entrar argumentando ser amiga de Paco. No le creyeron así que ya resignados era hora de despedirnos, sin soltarme del brazo me dijo: “hijos de la chingada, si siempre me dejan entrar yo no se por que hoy se pusieron sus moños, pero no te preocupes, mañana te espero aquí, en esta salida del metro”.

-¿Mañana?

-Claro, ¿a poco no quieres entrar?

-Bueno…si.

-Tu me caes bien, te ves un buen muchacho, acostumbro andar sola pero es mejor acompañada, pero mi familia ya no me acompaña, ni les importo. Hoy me la pasé muy bien, ¿tu no?

-Pues…si.

-Trato hecho, mañana nos vamos a ver aquí a la una. Y vamos a entrar, como chingados no. Hasta mañana, -nos dijimos- no nos preguntamos el nombre como sucede en esos encuentros llamados affaire.

Me regresé a casa pensando en lo sola que se debía sentir esa mujer para engancharse tan rápido con un desconocido y que potencialmente era un delincuente. Es decir, yo no era un delincuente, pero ¿Cómo podía estar segura de ello? Me ha de ver como si fuera yo su nieto –seguí pensando- y yo no tuve abuela (literalmente) mis papás tenían en común que la mamá de ambos murió siendo ellos muy niños. A mi mamá la crió su abuela a quien vagamente recuerdo con su rebozo, cuando llegaba a visitarnos y nos llevaba un manojo de plátanos o un cucurucho de periódico lleno de cacahuates. Y mi papá fue criado por su madrastra, a quien respetó como mamá y le decía “jefa” y si, nosotros le decíamos “abuelita” aunque nunca fuimos cercanos, tenia nietos sanguíneos a quienes estoy seguro que realmente quería pues a ellos los paseaba y les traía regalos cuando salía de excursión. “Muchacho pendejo, ira nomás, ya tiraste el taco”yo tenia como cinco años, me reprendió en voz baja para que no oyeran los demás un día de campo se me cayó el taco de arroz que me acababa de dar.

 Al otro dia justo al a una de la tarde vi el reloj…colgado de la pared de mi casa. Me imaginé lo que estaba sucediendo en ese momento en la salida del metro. Una anciana volteaba en todas direcciones y veía su reloj pensando si acaso se me había olvidado la cita. Quizás con suerte tenia alzhaimer y ni se acordó, o tal vez estaba tan acostumbrada al abandono que en cuanto se dio cuenta que no llegaría se dirigió a formarse para entrar al programa de televisión en donde la pasaría genial. Otros dicen que la han visto recientemente, que no se ha movido de alli, que nadie le ha avisado que ya murió hace años, pero ella no puede morirse, pues acordó una cita, a la una, en esa salida del metro.

Algunas veces me han dejado plantado chicas con las que habia acordado una cita y a las que tenia muchas ganas de ver. Cuando eso sucede me lleno de rabia y me pregunto “¿por que es así la gente de incumplida? ¿Qué demonios he hecho yo para que me pasen estas cosas?”…

Crònicas de andanzas por la riviera maya. 3era y ùltima parte.

febrero 25, 2010

Terminamos de desayunar y fuimos hacia el hotel por nuestras cosas. El tipo que nos vendió el paseo en Xcaret nos citó a las 8:30 en el lobby del hotel. El Gerry tuvo una idea.

-Vamos rápido a la playa, quiero tomar unas fotos.

-Pero no creo que nos de tiempo.

-Bueno, yo si voy a ir.

-Ah que la canción, vamos pues.

La playa estaba prácticamente vacía, solo alguno que otro corredor ejercitandose. Contemplè la inmensidad del mar eso aunado a la tranquilidad de la playa y el sonido de las gaviotas me puso reflexivo.

-¿Ya viste Gerry?

-Que

-El mar, es inmenso, ante el nosotros los hombres tan egocentristas nos podemos dar cuenta de nuestro real tamaño. Somos del tamaño de una gota de agua, o de un grano de arena. Varios han hablado de ello, tu sabes, “somos polvo en el viento”, o Mohamed Alí, el boxeador, era un bocón engreído, pero eso era un personaje, o quizás una parte de el si era así, pero como todos tenía varias facetas. El dijo alguna vez que para darnos cuenta de nuestra real dimensión agarráramos un grano de arena y lo tiñéramos de rojo y después lo soltáramos en un desierto. La madre Teresa decía que toda la ayuda que podamos hacer por los demás, por mucho que hagamos es tan solo del tamaño de una gota en el mar, pero eso no nos debe desanimar; al contrario, nos debe alentar porque sin esa gota, el mar estaría incompleto. En eso creo, uno no es el centro del universo, ese pensamiento realmente te vuelve desgraciado, solo importa uno en la medida en la que
se integre a todo esto, a formar parte del todo que es la vida. ¿O tu como ves?…Gerry…¿Gerry?.

Volteé a buscarlo y estaba tomando fotos por todos lados.

-Chingá, ¿Por qué no escuchas lo que uno dice? Me acabo de aventar un choro que haría palidecer de envidia a Deepak Chopra, ja

-Sí, te estoy oyendo, (click, click, me contestaba mientras seguia tomando fotos) dijiste que está re grande el mar. No y ¿ves toda esa agua?

-Si

-Pues abajo hay más

Sentí que me estaba cabuleando. Miré el reloj y vi que ya era la hora en que nos había citado.

-No mames ya son las ocho y media, nos van a dejar wey, y no creo que nos devuelvan la lana con la que apartaste el viaje, vamos a tomar un taxi pal hotel pa llegar de volada.

Al llegar al lobby no estaba esperándonos nadie, solo se encontraban la recepcionista y Marco, el tipo que nos había vendido desde nuestra llegada el viaje a Chichén Itzá y que también nos ofreció el de Xcaret, pero a un precio realmente caro, por eso optamos por el que nos vendieron en un puesto situado en plena calle. Los hay por todos lados ofreciendo excursiones a distintos puntos de la Riviera Maya. Marco entonces nos preguntó si íbamos a ir a algún lado.

-Si, vamos a ir a Xcaret.

En cuanto se dio cuenta que compramos el paseo con alguien que no era el hizo lo que todo mexicano que se respete suele hacer al referirse a su competencia. Echar pestes de ellos y hacernos sentir que éramos unos tarados por no haberle comprado a él. Una tamalera no puede ver a otra, así que puso cara de angustia y empezó a asustarnos.

-Hijole muchachos, donde compraron su viaje a Xcaret.

-En un puesto allá adelante sobre la avenida.

-Noooo, ¿por que no se los advertí? me lo debieron haber comprado a mí.

Acentuaba sus palabras con gesticulaciones lastimeras y llevándose las manos a la cabeza, como si realmente le importara.

-Pero es que nos lo dejabas medio caro, allá nos ahorramos una lana.

-Pues si pero ya se las hicieron, esos cabrones son re incumplidos, ¿dejaron adelanto? Ya mejor díganle adiós a ese dinero. Ni van a venir y cuando vayan ustedes a reclamar se las van a hacer cansada.

Logró su cometido y el Gerry y yo volteamos a vernos con mirada de reproche pensando cada quien para sus adentros “a como somos pendejos, bueno; tu mas que yo”. El Gerry entró en un estado de ansiedad y traté de tranquilizarlo.

Vamos a esperar otro rato y si no llegan nos vamos por nuestra cuenta a Xcaret y pues ya ni modo, cuando regresemos les peleamos el adelanto o ya damos por perdida esa lana y te ayudo con la mitad.

Como era de esperarse hizo caso omiso y salió caminando aprisa hacia la calle

.Y ahora dónde vas?

-A buscar al mono que nos transó.

-Y que tal que mientras vas hasta allá llega la vagoneta por nosotros? Bueno te marco a tu celular si llegan.

-No traigo el celular

-¿Cómo que no? ¿Dónde está?

-Lo dejé en el hotel

-¿Para qué chingados te compras un celular si no lo vas a andar trayendo?

.Hay que viajar ligero.

Salió que echaba chispas y yo me quedé a esperar. Como era lógico en cuanto el se fue llegó la vagoneta por nosotros, y como era más lógico aún en vez de decir mi nombre a quien buscaron fue a él.

-¿Chavez Gerardo?

-Chavez Gerardo anda que se lo lleva la chingada y los anda buscando pa madrearselos –pensé pero no le dije, en cambió señalé- Fue a buscar a quien le vendió el viaje por qué pensó que ya no vendrían.

-Ya estamos aquí, lo que pasa es que tenemos que recoger a otros turistas, ¿tu vas a viajar con él? ¿Eres su…amigo, pareja?

Esto era más de lo que podía soportar. Ahora además de que la gente me consideraba el criado del Gerry o un pegoste siendo que yo era el titular del viaje, creían que éramos un par de lilos en nuestra luna de miel.

-No voy a contestar eso y no, yo no estoy viajando con él, es él quien está viajando conmigo, bueno estamos viajando juntos pero…bueno ¿a ustedes que más les da? Aquí lo que sucede es que el siempre se me adelanta a la hora de registrarnos y por eso todo ha salido a su nombre, pero sépase usted que yo me gané este viaje y yo me llamo…

-¡Ya llegué! Me dijeron que ya había venido la camioneta por nosotros .Exclamó agitado el Gerry que irrumpió corriendo y no me dejó terminar de decir mi nombre-

-¿Chávez Gerardo?

-Si, yo soy

-Adelante señor, suba usted.

Así fue que finalmente Chávez Gerardo y su mozo, criado, pegoste, chichifo o lo que fuera yo para la demás gente abordamos la vagoneta en pos de nuestro destino. Hicimos un par de escalas, la primera a liquidar el costo restante del viaje y la segunda en las talachas, se nos había pinchado una goma. Perdón, quise decir ponchado una llanta, pero se me pegó el dichito de los argentinos que venían a mi lado.

Diez minutos después estábamos en Xcaret. Nos colocaron nuestra pulsera, nos dieron una planilla de cupones que canjearíamos adentro por bebidas o papitas en los puestos y comida en alguno de los restaurantes. Un mapa del lugar y por último nos dieron un tubo de plástico transparente con el logotipo del lugar. A mi se me figuró como un céspol pero me aclararon. “Es su snorkel, está limpio, no los reciclamos, se lo puede llevar de souvenir al terminar su recorrido”.

Ah claro, el snorkel. –Pensé- Yo que soy un buzo consumado.

Una vez en el interior me di cuenta de algo. No lo íbamos a recorrer todo, es enorme. Debe tener su propio código postal. Es un zoológico, pero es una zona arqueológica, hacienda, un sendero selvático, un acuario, un rio, una playa, un estadio, un pueblo…todo eso es Xcaret. El lugar perfecto para quienes queremos tener contacto con la naturaleza pero moriríamos devorados por alguna bestia o nomás del puro miedo a los quince minutos en la jungla salvaje. No, aquí todo es natural pero lo bastante artificial para sentirse seguro.

No sabía por dónde demonios comenzar a recorrer. Temí preguntarle al Gerry. Una de las principales atracciones es el nado en un rio subterráneo y enseguida me di cuenta que el se moría por entrar allí.

¿A dónde vamos primero?

-Pues yo digo que al rio subterráneo, pero ahora si que donde tu digas.

-Yo digo que vayamos al acuario a ver los arrecifes de coral y los peces de colores. –Dije todo acobardado pero con mucha seguridad y voz de macho-

Así lo hicimos y alberga unos peces realmente hermosos y de tonalidades increíbles. Fue entonces que me acordé de Olga, no; ella no es un pez, es una muchacha, una amiga con la que salía, sí; si me gusta. Sí, nos queríamos mucho. Si, ella “como amigo”. Típico. En fin. Olga sabe nadar muy bien, lo ha practicado por años. Me acordé de ella al ver este pez por que contó que sumergiéndose un poco en el mar pudo apreciar un pez enorme y de colores hermosos y que esa imagen le había parecido maravillosa y llenado el espíritu de emoción y amor por la vida.

-Yo también estoy viendo peces de esos –pensé- siento emoción en el espíritu y amor por la vida.

Entonces se apareció la cara de Olga en el reflejo del vidrio del acuario y con sonrisa macabra me dijo : Si, pero yo los vi en su habitat y tu en una pecera artificial, porque no sabes nadar, Ja-ja-ja.

Sacudí mi cabeza para deshacerme de eso y fui a donde estaban los hipocampos o caballitos de mar, bueno estaba su foto en el cuadro explicativo, al mula caballito no lo veía por ningún lado.

-Aquí está! –Me lo señaló el Gerry-

-No mames, ese ha de ser un recién nacido ¿no?

-No, son de ese tamaño.

-Yo pensé que eran mas grandes, el Acuaman paseaba en uno de esos cuando salía en las caricaturas.

Seguí con mi aventura marina y me dejaron tocar unas estrellas de mar. Yo pensé que se iba a mover o tirarme la tarascada, morderme pues, pero no hizo ni madres.

-¿Y qué hacen estas? –le pregunté a la señorita-

-Pues son estrellas de mar- me aclaró mis dudas-.

Metros adelante sobre un túnel estaba un ventanal en el que se podía observar el estanque de los tiburones, que emoción. Los tiburones.

-Mira ahí viene uno, ah chingá, esta medió panzón no, ¿a poco tienen patas?

-Ese es un buzo, le está dando mantenimiento al estanque.

-O ha de ser el alimento vivo que le echan a los tiburones, vamos a esperarnos tantito, igual y vemos una gran escena.

-Los tiburones no atacan a la gente. Eso solo pasa en las películas

-A ver al rato te avientas pa comprobarlo, vamos a seguir recorriendo.

Unos delfines jugueteaban en otro estanque.

Los delfines no son más que tiburones gays, comentó despectivamente el Gerry, a quien se le quemaban las habas por nadar en el mula rio subterráneo.

Esta bien vamos –gulp-.

Fuimos al área exclusiva para quienes pagamos el paquete plus. La cual constaba de casilleros y bancas. ¿Chale y ya por eso es plus? –Pensé- pensé que incluía sauna, masaje, final feliz, en fin…plus.

Nos ataviamos con la indumentaria correspondiente para entrar al rio. Nunca antes había usado chaleco salvavidas, gogles, snorkel y aletas así que me sentí ligeramente ridículo pero nada comparado con lo que me esperaba minutos después.

Antes de entrar al rio había un lugar conocido como “zona de decisión” o creo que “área del valor” aunque a mí me pareció leer “cobardes, largo de aquí”. Era el último lugar para arrepentirse de entrar y en el cual hacían firmar a todo adulto mayor y persona con riesgos un exención de responsabilidades a la empresa. La pasé muy quitado de la pena y en cuanto llegamos al rio entré como toda la experiencia de nadador consumado que había obtenido la tarde anterior en la alberca del hotel. Es decir me metí bajando las escaleras y sujetándome con mucho miedo a soltarme a diferencia del resto de las personas que se metían echando un clavado. Pocos segundos después de entrar me dí cuenta que contrario a lo que yo suponía mis pies no alcanzaban el fondo, aunado a la angustia que me provocó la falta de aire provocada por la inexperiencia en el uso del snorkel (que no se para que demonios me puse, si solo lo usan quienes se sumergen, todos los demás lo traen colgando). Empecé a sentir como me llevaba el agua sin tener nada de control sobre mi mismo, traté de estabilizarme y sentí como el cuerpo se me iba para atrás tragué agua salada y entonces sucedió. Me aterré y comencé a manotear pidiendo ayuda, me agarré del primer pelado que vi cerca, era el tipo que estaba tomando las fotos que te venden al final del parque y al sujetarlo lo sumergí, el Gerry pensaba que estaba yo bromeando y ya iba metros adelante.

Pero cuando vio que era en serio se regresó y me pidió tranquilizarme, yo pálido del maldito susto no quería mas queso si no salir de la ratonera, nos salimos y el insistía en señalarme que no había problema, “mira no te ahogas, para
eso es el salvavidas, tranquilo, ya pasó. ¿Estás bien? Me pareció necia la pregunta y le contesté liberando algo de susto ¡Nooo, no estoy bien! ¿Me veo bien acaso chingà?

-Ok. Tranquilo, mira no lo tienes que hacer, si quieres salte y no hay bronca, vamos a recorrer lo demás.

Entonces sentí que este es de los momentos que separa a los hombres de los peleles, tragué saliva y lo dije.

-Lo voy a hacer

Obvio que no lo hubiera hecho solo, de hecho la decisión la tomé en base a que el tipo al que había yo sumergido segundos antes me dijo “nomas agarrate de su chaleco y ahí se pueden ir así”. Y entonces nos fuimos el Gerry nadando y yo remolcándome sujetado de su chaleco, haciendo el oso de mi vida, sonriendo pero meandome del miedo. Hay salidas del recorrido cada 100 metros y yo sentí que no tenía nada que probarle a nadie y que con 100 metros tenía yo suficiente así que me salí en la primer oportunidad. Lo cual agradeció el Gerry pues ya venia sacando la lengua de cansancio.

Siguió el recorrido y yo busqué la salida hacia la superficie pero solo di con un laberinto de cavernas que recorrí dando vueltas y regresando al mismo lado, me desesperé y regresé al rio a preguntarle a otro buzo fotógrafo como salir, “todos los túneles salen”.

Chingada madre, -pensé- ya para entonces no soportaba mi pie, de hecho tomé ese viaje con una dolencia en el tobillo y la planta que me hacia renguear pero que no era lo suficientemente cruel al principio como para renunciar al viaje, pero como prohibían caminar con las aletas puestas sobre el cemento, tenía que hacerlo igual que el resto, totalmente descalzo. Cada paso que daba era una tortura. Y ahí estaba yo aun no terminaba de salir del mal trago de agua salada, susto y ridículo, y ahora atrapado en unas cavernas que me enredaban y con el pie matándome del dolor. ¿Y para esto pague más de 100 dólares? –Pensé optimista-

Por fin vi la luz del a superficie y salí en un lugar totalmente apartado del rio, en donde las familias admiraban a los chimpancés, al salir se me quedaban viendo como si yo fuera uno más y me di cuenta que estaba lejísimos de donde había dejado mis cosas. No me quedó otra que seguir mi recorrido haciendo muecas de dolor hasta que una chica de las que trabajan allí me vio y asustada me preguntó.

-¿Le ocurre algo? ¿Se encuentra bien?

-Estoy bien, claro. (No fueran a pensar la guapa chica que era yo un débil) Solo me faltó pedirle todo lleno de autosuficiencia “ejarme solo!” cual matador de toros tras ser revolcado por el astado y apartando a los subalternos que le quitan al toro de encima.

-Pero le duele al pisar señor

-Bueno si, me lastimé el pie, pero ya llegué con ese malestar al parque, no los voy a demandar

La chica me vio en realidad mal y me ofreció ir por una silla de ruedas y llevarme al servicio médico para que me revisaran el pie. No sé porque demonios no acepté. Una vez que llegué a donde suponía estaban mis cosas me dijo la muchacha “ay señor, ¿a poco no hizo el recorrido completo? Es que sus cosas ya no están aquí, se las llevó la camioneta a la salida del rio, al otro lado del parque, ahora va a tener que ir hasta allá”.

Puse cara de “¿se están poniendo de acuerdo para chingarlo a uno verdad?” le expliqué que no podía caminar hasta allá y entonces me ofrecieron llevarme en una de las camionetas en las que llevan las cosas, el chico tuvo que pedir autorización vía radio y previa escala llegamos al otro extremo. Una vez allí por fin pude ponerme las chanclas y caminar sin tanto dolor y me puse a esperar al Gerry, esperé unos minutos, media hora, tres cuartos…entonces apareció a lo lejos con un gusto enorme, sonrisa de oreja a oreja, realmente se notaba muy divertido, me gritó para que volteara a verlo:

-Juaaaaaan!!!! Mientras agitaba sus brazos.

La sonrisa se contagia, no pude sino secundar su gozo.

-¡Chingada madre! Donde te metes!!! Llevo una hora aquí esperando con la pinche pata rota y tu jugando!!!, no mames! –No se asuste amable lector, en mi descargo diré que no siempre soy tan enojón, solo que la situación me estresó bastante y sentí la necesidad de liberarme, además afortunadamente el Gerry es un tipo que prácticamente no se enoja y todo lo toma a guasa, así que pensó que estaba yo bromeando.

-Jajaja!, tranquilo! Voy para allá

Había un restaurant entre nosotros, decidí rodearlo por la derecha para llegar a donde el estaba. Como era de esperarse el lo rodeó por el otro lado así que cuando llegue al otro extremo, volví a oírlo gritar riendo a carcajadas desde donde estaba yo antes.

-Jajaja, Juan! Nos cruzamos!

Decidí que no tenía caso el seguirme enchilando así que esperé a que se terminara de divertir. Cuando llegó a donde yo estaba notó un ligero gesto de estrés en mi y me dijo “ya tranquilo hombre, venimos a divertirnos, mira…Tómalo como un mal momento nadamás. Ya, vamos a seguir recorriendo.

Decidimos que en adelante yo decidiría que atracciones visitar. Así sucedió y opté por cosas de hombre. Visitamos el mariposario con especímenes de colores increíbles, un apiario donde las abejitas viven en troncos felices y producen miel, la zona de jaguares y pumas en donde se encuentran perfectamente libres pero con unas enormes zanjas que separan sus terrenos de la gente que los visita. La cancha de juego de pelota. El pueblo maya, una simulación de un pueblo maya real con chozas en donde unos artesanos ataviados con indumentaria indígena y look precolombino elaboran y venden sus hermosos productos a precios exorbitantes. Pude imaginar la hora del cierre del parque, momento en el que se quitan su disfraz, se visten con ropa actual y abordan su transporte rumbo a la unidad habitacional en donde viven y llegan a ver su capítulo de su serie favorita en canal de paga. Previa escala al súper a comprar la cena que calentarán en el microondas. Casi todos los visitantes eran rubios en esa zona así que le caminé rápido por temor a que alguna autoridad del parque pensara que era yo uno de los del pueblo maya llegando tarde a trabajar.

El pueblo incluye también una tortillería típica en donde pude ver objetos que no había visto desde que cuando muy niño visité el pueblo de mi madre como un pequeño molino de mesa que ocupan igual para el maíz que para el café, y varios metates, que son estos objetos de piedra en donde se hincan las mujeres para triturar y moler los ingredientes de la comida ayudadas por otro objeto de piedra de figura fálica conocida como “la mano del metate”. Mi madre me cuenta que en su pueblo si una muchacha se quería casar la ponían a moler chile en el metate y si el vapor del chile hirviendo le producía tos o llanto, no estaba lista. De ahí el refrán de rancho “mala pa´l metate, pero buena pa’l petate” el cual señalaba a una mucha que se creía lista para irse a vivir con su novio sólo por el hecho de que ya era muy diestra en las labores sexuales, no así para los quehaceres domésticos. Lo cual a mí, me parece de lo más normal, preparar comida no es fácil. Ah, los pueblos.

El cementerio maya luce lleno de lápidas coloridas con epitafios graciosos. Un quemador de veladoras enorme y en general todo aquello está muy bien hecho y atrapa la atención de quien visita ese lugar.

Era hora de comer y pasamos a un restaurant de comida mexicana, hay mas opciones en el parque pero francamente ya teníamos mucha hambre como para andar escogiendo y nos metimos a comer allí.

¿A quién anoto? Nos preguntó en la entrada el anfitrión. Bastó con el apellido del Gerry. Ok, dos personas, la  familia Chávez. El Gerry, se apresuró a decirle que no somos familia, claro está –pensé, debe dar pena ser pariente mío- El restaurant incluía show ecuestre y música norteña en vivo, me sentía como en la pulquería de mi pueblo, pero sin alacranes en el piso, aserrín ni obscenidades. El buffet de platillos tipitos estaba muy bien surtido y le entré con enorme gusto, entre los postres había capirotada que estuvo muy sabrosa, helado del cual soy fan y mi favorito de la vida, arroz con leche. Si mi destino es morir envenenado, se que será con arroz con leche.

De beber nos sirvieron sendas copas de limonada. Aun y cuando entre los cupones teníamos la opción de cervezas.

-Y si pedimos unas chelas Gerry?

-Pero tu no tomas

-Pues no pero como que lo amerita

-No quiero ser aguafiestas, pero preferiría que no.

Me sentí afortunado de haber viajado con un tipo que no necesita beber para estar bien. De lo contrario probablemente hubiera recaído. Si, hace algún tiempo tuve problemas con el alcohol y tuve que dejarlo de tajo. Antes de enterarse de ello el Gerry me comentó “¿no bebes? ¿Sabes? Mi papá dice que tan mal cae alguien que toma mucho, como alguien que se abstiene por completo” Yo no tomo pero si voy a una fiesta y me insisten pues me puedo tomar una o máximo dos.

-Y tiene mucha razón tu papá mi Gerry, he estado en ambas situaciones pero uno tiene que decidir que no importa si le caes mal a la gente por ser un borracho o por ser un aguado que no bebe. A final de cuentas solo quien carga un costal sabe lo que trae adentro. Bah, salud! Nos empinamos las limonadas.

Tragar como pelón de hospicio me provocó sueño, así que le propuse que fuéramos a la playa a descansar. Así lo hicimos, bueno, lo hice, me tendí en un camastro a ver el atardecer, tomar lo que restaba de sol, oír música, ver nalgas, perdón, algas, el agua es tan transparente que se ven desde afuera. Mientras el Gerry seguia emulando a Jacques Costeau echándose unos bucitos.

Comenzó a oscurecer y nos dirigimos hacia “El gran Tlachco” que es una suerte de arena, o quizás tan grande como un estadio, construido en estilo prehispanico y con un enorme techo que emula a los techos de palma de una choza. Allí finaliza el recorrido con el gran espectáculo del cual todos hablaban maravillas. “Ni ha de estar tan bueno” –pensé-.

De camino allí el Gerry a seguir haciendo l oque le encantaba, autorretratarse mientras me adelante me encontré con una chica ataviada en huipil y look maya con unos ojos muy bonitos y sonrisa encantadora. Si, trabajaba allí en el parque y ya se que su trabajo es ser amables con todo mundo pero que quieren, por unos instantes sentí que me estaba coqueteando. Estar en un lugar tan hermoso y en donde todos andan en traje de baño, provoca tanta seguridad, que seria la primera vez que le coquetearía yo a alguien ataviado en traje de baño. Cosa normal, pues no suelo andar en traje de baño en el DF y no suelo coquetearle a nadie.

-Hola.

-Hola, ¿cómo te ha parecido el parque?.

-Pues hermoso, tu también, digo, estee tengo una duda, ¿a ustedes que trabajan aquí les sigue pareciendo todo tan bonito? ¿No se acostumbran?

-Estoy a prueba, llevo un mes pero…no creo que una se aburra nunca de este lugar, es precioso. Mira, ¿ya viste esos?

-¿Son unos tapires no? –para entonces se nos había emparejado el Gerry, haciendo mosca.

-Exacto, ¿sabías que tienen un nombre maya? Les decimos “(me lo dijo, pero no recuerdo el vocablo, lo siento)” y ¿sabes lo que significa? Eso quiere decir en español “el gordito”.

-Ahí te hablan Juan jajaja.

Enorme el Gerry, su comentario y risa hicieron que dejara yo de sumir la barriga y desinflara mi pecho, postura que involuntariamente adoptè el rato que dialogué con la chica.

-Bueno ya me voy chicos, los veo en el estadio, ahora tengo que ir allí a vender palomitas.

-Nos vemos. Oye…pero ¿Cómo te llamas? –le pregunté-

-Ahhh, pues Magdalena, babas, ¿que no ves su gafette? –Comentó el Gerry-, ya para entonces tenía ganas de darle una bofetada, obvio que había visto el gafette todo el tiempo. La chica se alejó riendo.

En el área de vestidores ocurrió un desaguisado, después de sacar nuestras cosas y en un parpadeo mientras se terminaba de vestir el Gerry, perdimos las llaves del locker, lo cual supuso una penalización que a mí me pareció exorbitante, si una mugre llave vale como 15 pesos con un cerrajero, pero aquí la cobraron a casi 300. Le brinde todo mi apoyo moral al Gerry quien absorbió el gasto.

De camino al estadio nos dimos cuenta que nos faltó de recorrer la hacienda henequenera, el mirador y la capilla en donde se casó Paulina Rubio. –Bah, no se nos vaya a pegar lo ignorantes mi Gerry, ahí se casó paulina Rubio, mejor que no visitamos esa iglesia” Aunque después pensé que la Pau podrá ser una mujer sin talento e ignorante como quien más, pero de que es exitosa y le va muy bien en lo suyo…chingá, por que no visitamos esa iglesia. –Lamentè-

Ya era de noche y nos instalamos en el estadio. Comenzó el espectáculo. Un gran show, me recordó mucho a las inauguraciones olímpicas, y realmente creo que está a la altura de esos espectáculos, inicia este con escenificaciones de la fundación del lugar, luces, sonido, copal, música prehispánica, y ceremonias mayas, un partido de juego de pelota, después una especie de hockey jugado con bolas de fuego. Recordé a los comentaristas futboleros cuando en este juego tiraban a la portería y fallaban hubiera quedado perfecto el “cerca la bala quemante!” que en estos casos no hubiera sido metáfora.

Siguió una escenificación de la llegada de los españoles, no faltó el naco que cuando los vió entrar gritó “culeeero, culeeero”, bueno está bien, fui yo, pero pues estaba yo muy feliz y fue de pura guasa además no fui el único. Escenas de batallas, caballos, y finalmente una parte en la que un español está tocando la guitarra, llega un indio y saca su flauta de carrizo y se le une con una melodía, escenificando la fusión de las dos culturas, aplauso de todo el respetable y fin del primer acto. Intermedio para estirar las patas, ir a hacer pipí y todo lo que hace uno en los intermedios.

El segundo acto se trató de bailables de toda la republica. Aún y cuando no soy un aficionado al folclor me emocionó mucho cada uno de los bailes. Todos llenos de color, belleza, armonía y enorme gusto. Simpáticos sobre todo cuando tocó el estado de Yucatán con sus bailables del tipo “jarana”, la danza de los viejitos de Michoacán, con su particular zapateado en donde al final los bailarines se quitan la máscara de viejitos y resultan ser ¡unos ancianos de verdad! Mi parte aguafiestas me hizo notar que en determinado momento hay un truco, se salen los bailarines jóvenes y entran los viejitos, pero el detalle resulta muy grato. Loco de contento reía y aplaudía quien esto escribe. No podían faltar los estados de Veracruz con sus entrañables sones jarochos haciendo alarde de zapateado. Junto con la música de Hidalgo, la de Veracruz es la que quizás más me gusta de toda la república, El arpa junto a las jaranas infunde un gozo extraordinario en la música jarocha, esto aunado al ingenio de los que recitan las coplas, provoca que en donde vea yo música jarocha me detenga. Una enorme batucada y festín emulando el carnaval de ahí mismo, Los voladores de Papantla, que de noche siempre se ven más espectaculares, sigo pensando que el día que inventen la modalidad “voladores de papantla inalámbricos” ese show se puede vender mucho más caro. Posteriormente los estados de Tabasco con mil tambores levantando a la gente de sus asientos, música sinaloense, regiomontana y para culminar el infaltable mariachi. Culmina el espectáculo con pirotecnias y papeles de colores y guacamayas volando por todo el estadio. Sentía tanto gusto en el pecho que tenía ganas de patear a alguien. Y por otra parte el Gerry de por si festivo pegaba de brincos, como dijera el refrán “era feliz el indio y le dieron maracas”.

Hora de abandonar el lugar, aglomeraciones en la zona de souvenirs para buscar la foto que a cada quien le habían tomado en el rio subterráneo, lugar del terror para mi, o nadando con delfines, afortunadamente no encontramos la foto pues temia haber salido con muecas de terror y abrazando al Gerry, escena por demás muy jota, aunque después cuando nuestros compañeros de excursión nos dijeron que si la vieron y nos veíamos muy alegres me dije “chingada madre, pro que no la compramos!”

De regreso en Playa del Carmen llegó la hora de hacer maletas. Posteriormente salimos por última vez a recorrer la avenida llena de jolgorio y comprar los souvenirs que pudiéramos o para los que nos alcanzara, el Gerry se compró un libro y yo algunos llaveros, ya había comprado suficientes cosas en Chichen Itzá. Pasé por mi infaltable café del Oxxo y paquete de galletas. Parecía que había terminado todo lo recordable de ese viaje…

-¿Te bañas tu primero o yo mi buen Gerry?

-No, yo estoy muy cansado, ya me voy a dormir, metete tú.

-Así lo hice estaba yo a medio baño en plena sobada untándome el jabón cuando sucedió algo que me erizó los cabellos.

-AAAAAAYYYY!!!!

-Eran unos gritos, cerré la llave de inmediato, supuse que solo me había imaginado el grito. Y entonces.

-EEEEEHHHH, YAAAAYYYY!!!

En la madre, el Gerry estaba gritando. Pasaron por mi cabeza mil cosas. No mames, no mames, ¿Qué hago? Que es, qué es? Se metió alguien y lo está ahorcando, no, le tiene fobia a las arañas o ratas y vio una, no…en la madre, le dan episodios de algo muy feo, chingá, bien me dijeron que no viajara con quien no conocía bien, que tal que se me viene encima y me quiere ahorcar con un lazo, no mames… ¿Qué hago? Busqué con la mirada algo con que defenderme y lo mas certero con que sorrajarle un madrazo fue el tubo de pasta de dientes. No no mames, ya sé, voy a mojar la toalla y la enredo y lo agarro a toallazos, esos duelen como la chingada…

Sin enjuagarme abrí lentamente la puerta…tragué saliva y puse el pie atorando la puerta, entonces la luz del baño le dio en la cara. Dormía ahora plácidamente, la luz lo despertó y se enderezó encamorrado.

-¿Qué pasó?

-Es lo que yo preguntó, ¿Qué pasó? ¿Por qué gritabas?

-¿Quién gritaba?

-Tuuu, no manches

-¿Yooo? No yo no.

-¿Estás bien?

-Pues si, ¿Por qué no?

-Ah ya se, tuviste una pesadilla

-Pues…quien sabe, a lo mejor si.

-Ya duérmete.

Terminé de bañarme y me metí a dormir no sin dejar de pensar que probablemente se repetiría el numerito así que tardó bastante en agarrarme el sueño.

Al otro día alistamos todo para irnos pero pasaríamos a desayunar por última vez. Llegamos al restaurant y yo desayuné como acostumbraba, es decir tragué de todo y a lo lindo. El Gerry estaba bastante nervioso por temor a perder el vuelo y solo tomó un vaso de leche.

-No mames, entrale, no nos va a dejar el avión.

-No, estoy bien así. –Contesto viendo su reloj constantemente y volteando hacia la calle-.

Mientras desayunaba vi de nueva cuenta a Selene, la chica que trabajaba allí, ya comenté que me gustó pero en los tres días que desayuné ahí nunca le hablé.

-Ya sé mi Gerry, le voy a pedir que nos tomes una foto. ¿Cómo ves? ¿Crees que la regañen?

-Pues no creo, es solo una foto además todos son amables con los turistas. Claro, yo se las tomo

-Bueno, pues…deja paso al baño y ya nos vamos, cuando salga nos la tomas.

Al salir del baño había cambiado de opinión.

-Vámonos mi Gerry

-¿Y la foto?

-Vámonos, vámonos.

-¿Por qué cambiaste de opinión?

-Por ahorrar. Tal vez no lo entiendas. Decidí que este es el adiós que menos me ha dolido, ah, qué bien se siente, soltar a tiempo.

-Pero…ni siquiera les tome la foto. Le podías haber pedido su teléfono, su e-mail! Se escribirían, platicarían por Messenger, cuando regreses la vendrías a ver, quien sabe a lo mejor con el tiempo…

-¡Claro!, no se me hubiera ocurrido nunca eso antes mi Gerry, jaja, por eso precisamente no me la tomé.

-Estás loco.

-Tú no vendes piñas.

-Ya hemos hablado sobre eso, debes ser optimista. A mí me han bateado muchas veces y no por eso lo dejaré de intentar.

-Yo no lo estoy dejando de intentar. Es solo que…Además me hablas de optimismo y mira nadamás quien tiene cara de angustia ahora mismo por que nos deje el avión. Jajaja, no dejas de ver el reloj.

-Pues es que quedaron a las ocho y media, mira ya son ocho trentycinco y no aparecen. No tenemos dinero para seguir quedándonos menos para un avión de regreso.

-Tú traes una tarjeta de crédito.

-Ni lo pienses, están al tope.

-Lo decía de broma, ya tranquilízate, ahorita llegan. Mírame a mi…tan tranquilo.

Pasamos a dejar la llave del cuarto y las toallas, la chica nos pidió llenar una encuesta acerca del servicio, obviamente se lo pidió a quien todo el tiempo se dirigieron todos los que nos otorgaban un servicio. El Gerry pues no se olvide que yo venía siendo el criado.

El Gerry comenzó a calificar, el servicio, la tele…entonces decidí que era suficiente.

-Trae acá esa maldita encuesta, yo me gané este viaje y yo voy a calificar el servicio.

-Pero me la dieron a mí…

-Trae

-Oh bueno.

-¿Por qué le pusiste que el agua no estaba caliente Gerry? Hubo agua caliente todo el tiempo.

-Yo nunca la encontré

-Con razón te bañaste la mitad de ocasiones que yo, ja. Y yo que pensé que no te latía bañarte. A ver veamos…servicio…muy bien, tele…mmm…regular; no había canal porno. Aunque ahora que lo pienso, mejor que no había canal porno.

Seguimos esperando, el Gerry ya estaba realmente muerto de angustia, caminaba como león enjaulado en todo el lobby.

-Es que ¿cómo le vamos a hacer?

-Mira, ¡ya tranquilízate! ¡Ya! El pinche avión sale a las 11:15 ¿sale?, el aeropuerto está como cuarenta minutos de aquí, si nos dan las nueve y media y no pasan por nosotros, tomamos un taxi, ¿Ya? Para un taxi si nos alcanza.

-Pero es que no se vale…¡por esta tardanza tenemos derecho a que te den otro viaje, es mas vamos a exigirles que nos den otra noche u otro viaje para después!.

-Si como no, ya aplástate.

En eso llegó el tipo de la agencia preguntando por nosotros, es decir…por el “¿Chávez Gerardo?”

-Si chingá, ahí está muerto de miedo porque no pasaban, -le dije-. ¿Por qué tardaron?

-Lo sentimos señor, tuvimos un ligero retraso y de hecho ahorita pasaremos poro otra pareja a otro hotel.

-¿Cómo que otra pareja? nosotros no somos pareja, y dale con eso…

En el aeropuerto el Gerry vio burro y se le ofreció viaje. “oye…puedo meter mi maleta adentro de la tuya, es que no quiero ir cargando.

Ah mira nomás que fregón –le dije- ya vi por que dices que te gusta viajar ligero, pero no agregas “y que el otro cargue”, nel que. Carga tu maleta.

A la hora de documentar la señorita nos sugirió que el metiera su maleta dentro de la mía, para no documentar juntos lo cual llenó de mucho gozo al Gerry y a mi me encabronó ligeramente.

A la hora de subir el avión una señora le dijo al Gerry “a ver tu muchacho, ayúdame por favor con mi maleta es que no puedo cargar a mi bebé y la maleta al mismo tiempo”

Existe un Dios –pensé- jeje, el que no quería cargar.

Al abordar el avión parecía que estaban vendiendo paletas. Salía vapor helado por todos lados y se sentía un frio del cocol. El avión estaba considerablemente más moderno y amplio. Esta vez el despegue fue más rápido y prácticamente ni se sintió. Por la ventanilla pude ver el hermoso mar turquesa de Cancún y suspiré pensando en regresar pronto.

“Muy buenos días, los saluda el capitán Milhoras, estamos volando a once mil pies de altura, sobrevolamos ahora el golfo de México, posteriormente entraremos por Poza Rica, de ahí Pachuca y finalmente la Ciudad de México en un tiempo estimado de una hora con cincuenta minutos, habrá ligeras turbulencias por lo que les sugerimos permanezcan sentados y con los cinturones puestos, sigan disfrutando su programa (habían puesto Dr. House)”

Como era de esperarse nadie le hizo caso y todos querían entrar al baño al mismo tiempo, la hermosa azafata con un candor de miss de kinder andaba checando que trajéramos apagado el celular y ofreciéndonos juguito, refresquito (así decía) y cajita (sándwich). También había pomos, me dieron ganas de preguntarle cuanto cobraba por sentarse a beber con nosotros.

Luego pensé, “un momento, ¿dijo que entraremos por Poza Rica? Chale, yo me sé un atajo, le voy a decir al capi”.

Cuando entramos a la Ciudad de México el avión empezó a pandearse bruscamente, yo ya ni me asustaba, con un par de horas de vuelo ya me sentía un experto en esas lides, el cielo estaba realmente despejado y pudimos ver los edificios más emblemáticos desde las alturas. Mira Gerry, la torre del pantalón! Mira! El WTC! Mira…el Empire State!! ¿Ah verdad?

Un hombre de la fila estaba con cara despavorida, al aterrizar el Gerry me confesó “se sacudió más de lo normal, nunca me había tocado que se moviera así un avión”

Al salir del aeropuerto se había terminado todo el glamour, hacia mucho sol quemante pero a diferencia del de Playa del Carmen este era muy y con aire muy frio. Abordamos el metro nos tocó un vagón con todos los asientos ocupados así que viajamos de pie, entonces el Gerry me dijo:

Espero que no te hayas arrepentido de haberme traído.

-¿Estás loco? ¿Por qué dices eso?

-A veces te notabas molesto

-Perdóname a veces…bueno, soy neurótico y cuando me estreso…en fin. Perdóname

-No, está bien, y honestamente quiero decirte…Gracias.

Se me hizo un nudo en la garganta. Se me rozaron los ojos. Nos dimos un abrazo. Y comenzó a sonar “Con una pequeña ayuda de mis amigos” la versión de Joe Cocker que usaban en “los años maravillosos” No, no me lo imaginé…

“SI MIRE ES EL DISCO MP3 CON LO MEJOR DE LA MUSICA EN INGLES DE LOS 60’S A 90`S, DIEZ PESOS LE VALE, DIEZ PESOS LE CUESTA!”

Rato después abrí la puerta de mi casa y mis perros me recibieron con mucho menos jubilo del que esperaba. Ya están viejitos. Al entrar a casa mis papás y hermanas estaban comiendo. “Ay, sírvete tu, y calienta la comida por que de seguro ya se enfrió” mi sobrinita emocionada corrió hacia mi ¡Tíoooo! ¡¿Que me trajiste?!”

No hay lugar como el hogar.

Crónica de andanzas por la Riviera Maya

enero 27, 2010

Viajar al caribe no es algo que se acostumbre en mi casa, tampoco viajar en avión, tampoco viajar a lado alguno. En mi casa más bien se acostumbra no acostumbrar. No se piense por favor que estoy queriendo causar la lastima de nadie con el lamentable “es que siempre hemos sido pobres y apenas alcanza para comer”. Pertenezco a la mayoría y cada vez mas grande estrato social en México que somos los que no somos tan miserables como para que nos mantenga el gobierno con programas de combate a la pobreza extrema pero tampoco alcanzó para lujos. Pertenecemos a la clase trabajadora pues. Y además que no heredamos puesto en sindicato gordote como los de PEMEX, el IMSS, la luz, de tal modo que los ingresos nunca han sido bastos; además debo decir que siempre hemos sido bastante desorganizados para los dineros, vive uno al día y de vez en cuando se da uno un gusto o despilfarra en asuntos superfluos y por lo tanto no es uno muy ahorrador. Aunado a mi falta de espíritu aventurero da como resultado que conozco muy pocos lugares de la República y los viajes al extranjero son aún hoy en día tan lejanos como los destinos a los cual me gustaría conocer.

Es por eso que cuando me notificaron que había ganado un viaje a la Riviera Maya lo primero que pensé fue que se trataba de una broma, la positiva de mi madre reforzó mi pensamiento cuando dijo “no seas tonto, es una estafa, ¿Qué no ves la tele? Te van a pedir que deposites dinero y luego no los vuelves a ver, ay mi´jo, y eso que según tú lees el periódico y ves y escuchas noticieros. Y además yo no creo en esos sorteos”.

-Pero no fue un sorteo, fue un concurso, lo gané por una habilidad, por escribir.

-¿Por escribir? Pero si eso lo enseñan desde la primaria, todo mundo sabe. ¿Por qué te lo dieron a ti? Yo digo que te están queriendo sacar dinero.

Meses y jaloneos después; -pues al ser un premio y tratarse de un viaje de cortesía la agencia de viajes se mostraba descortés y me ponía un pero tras otro-, estaba a las afueras del aeropuerto en pleno lunes en la madrugada. Con una maleta prestada y con la cantidad suficiente de ropa como si me fuera a ir a vivir a un lugar en el que aparte de lejano iba a hacer frio. Artículos de aseo personal, todos los posibles y en tamaño grande. Y una cantidad suficiente de analgésicos, antiácidos, antiespasmódicos, antidiarreicos, curitas, en un ataque de sobriedad y ligereza decidí no incluir las vendas, ni el alcohol si no aquello podria haber sido retenido en el aeropuerto como trafico de fármacos o confundido con ayuda humanitaria a Haití. Una revista y un libro que nunca saqué, un par de gafas de sol “clones a las originales joven” como me dijo el tipo del puesto en la calle, un sombrero color verde que me regaló mi padrino y pensé que jamás iba a utilizar, mi vieja cámara de rollo de la cual lo que mas me gusta es la intriga pues uno se da cuenta como quedaron las fotos hasta que se las entregan en el revelado. Y una cámara de video, adivinaron; prestada por mi hermano el que nunca presta nada, lo cual supuso una discusión en casa con argumentos bondadosos y carentes de reproche tales como “que se acuerde cuando yo lo llevé al seguro en mi vocho ahora que se rompió su pata”. La tarde anterior me la pasé pesando mi cargamento en una bascula de esas de puesto de verduras que nos heredó mi difunta abuela, pues temía el sobrepeso lo cual me supondría un gasto extra, lo cual no estaba previsto pues cabe mencionar que esa vez viaje justo de dinero, igual que todas las veces.

Estaba afuera del aeropuerto y no dentro por que me quería fumar un cigarro, me acepto adicto y lo peor es que no lo quiero dejar pero aunado a eso tenia cierto nerviosismo, poco en realidad, bueno a decir verdad dos noches antes del vuelo casi no dormí. Era la primera vez que volaría y pensando en que estadísticamente dada la falta de boeings desplomados desde hace tiempo era muy probable que el avión se viniera abajo sobre los maizales de la hermosa Puebla, el lago de Texcoco o ya si se veia muy gacho Diosito en pleno cráter del Popocatepetl o a medio Golfo de México. Una amiga me preguntó:

-A ver, no mames, ¿Por qué precisamente se tiene que caer el avión en el que viajas tú? No es eso demasiado egocentrista?

-Bueno…si. No tengo problema en aceptar que soy egocentrista. Lo que no quiero ser es un egocentrista muerto.

Y me lo tuve que fumar afuera por que los fumadores somos cada vez el grupo social mas discriminado y mal visto por todos lados. Y no hay zona para fumadores en el aeropuerto ni en ningún lado. Ahora resulta que todos quieren morir bien sanotes y creen que sus tacos de carnitas de la calle o sus cubotas no les van a hacer nada. Así pues me fumaba mi cigarro y sorbía un aromático café del seven-eleven mientras veía el ir y venir de maleteros que odian con toda su alma al tarado que decidió ponerle rueditas a las maletas.

Por fin entré, busqué mi número de entrada, terminal y mostrador de mi aerolínea y comencé a buscar con la mirada por todos lados buscando a mi compañero de viaje. Miré mi reloj y después a mi alrededor y no lo veía por ningún lado “me late que ya se rajó” –pensé-. Había sufrido una perdida familiar el día anterior lo cual justificaría plenamente su decisión de no ir, pero apoyado por su familia decidió tomar el viaje. Casualmente la noche anterior yo también sufrí una perdida, es decir, me enteré que alguien a quien ya había perdido desde hace mucho o que en realidad nunca tuve se había casado. Era similar a la muerte de un pariente enfermo en lo de que no por esperado deja de doler. Sentí además algo de culpa por mi sentimiento egoísta pero, ¿que enamorado no lo es?

Decidí llamarlo por teléfono. Así lo hice.

-¿Bueno?

-¿Bueno? Gerardo, ¿si vas a venir? Lo que pasa es que habíamos quedado como máximo a las seis y cuarto y ya son seis y media

-Pero si yo llegué al aeropuerto desde las cinco, ¡el taxi se vino de volada!

-¿Entonces ya llegaste? ¿Y en donde estás que no te veo?

-¡Yo a ti si!, ¡Te estoy viendo!, voltea para tu derecha.

Como a quince metros de donde yo estaba se localizaba levantando su mano Gerardo Chávez. Quizás ese pequeño incidente marcaría el curso del viaje. Ataviado de casaca militar, pantalón de mezclilla, tenis converse cansadones y anteojos redondos a los que les faltaba una patita. Su equipaje constaba de una maleta roja de la tercera parte de tamaño y peso que la que yo llevaba.

¿Ese es tu equipaje?

-Si, siempre he preferido las maletas rojas, ya verás después por que. Bueno, de una vez te cuento; en la banda transportadora todas son negras y cuesta mucho identificar la de uno, por eso pues mejor roja.

Yo no me refería al color si no al tamaño, pero fue entonces que me expliqué el color de la que yo llevaba, casualmente era roja, bueno; ni tan casualmente, pues el me la había prestado una semana antes. Me atemorizó un grupo de compañeros pasajeros con iguales fobias del equipaje perdido y por lo tanto una banda transportadora llena de maletas rojas pero afortunadamente aun queda gente normal.

El internet además de sus múltiples funciones ha servido para sociabilizar, uno llega a hacer amistad entrañable con gente que “conoció” primero en internet, no faltan incluso enfermos que llegan a enamorarse. Muchos piensan que la gente que sociabiliza en Internet es gente sin vida propia, nerds, gente llena de miedos que no se atreve a conocer a otras personas en reuniones, bares, o cualquier otro ámbito que suponga la convivencia humana.

Curiosamente el argumento de que los que hacen amistades por internet son gente rara y sub-normal lo apoyan con mas fuerza los que solían hacerlo de manera activa hasta el momento en que dejó de gustarles o encontraron por fin una pareja.

-¿Quién es el muchacho que te va a acompañar? ¿De donde lo conociste?

-En internet, también escucha la taquilla, el programa de René Franco, por eso nos conocimos.

Mi madre puso cara de “¿se supone que eso me tranquilice?”. Si, es embarazoso el hecho de que a mis treintaytantos mi madre necesite información acerca de las personas con las que salgo. Y peor aun que ustedes se enteren pero ya ven, me gusta dar detalles. Y para la madre no importa los años que uno tenga, siempre será uno un parvulito.

-Bueno pero ¿Lo conoces bien? ¿Es tu amigo?

-No podria decir eso, lo he visto un par de veces y te digo que casi no nos conocemos. Pero no te preocupes, se ve buena persona. Además estamos en las mismas condiciones, pues en su casa también piensan lo mismo, que como se le ocurre ir con un tipo que apenas conoce, y que supo de él por primera vez a través de internet por que a ambos les gusta un programa de radio acerca de farándula. Potencialmente para ellos yo también soy un psicópata.

Gerardo sabe que el no fue la primer opción para acompañarme en este viaje, se que no le molesta saberlo y por eso lo platico. Originalmente pensé en la chica con la que estaba yo saliendo, pero argumentó que no podía dejar su trabajo tanto tiempo y lo respeté. Aunque no pude evitar hacerle un planteamiento: Dime una cosa, si Brad Pitt te lo pidiera, ¿también te importaría no dejar tu trabajo cuatro días? Por respuesta sonrió y le dije “pues no va a venir a pedírtelo, te lo aseguro, andale vamos”. Yo no ruego mas de cuatro veces así que a la quinta comencé a buscar quien mas podria acompañarme, mi mejor amigo tampoco pudo-quiso por el trabajo y de ahí en fuera solo me quedaban dos o tres amigos solteros que tampoco podían, obvio ahora que ven las fotos y les platico me dicen “pinche ojete, me hubieras llevado”.

También se lo propuse a una o dos amigas solteras quienes no dejaban de mostrar ciertas reservas dado su temor a que este viaje tuviera fines lúbricos, me preguntaban puntualmente si la habitación tendría dos camas, les aclaraba yo que si, pero luego pensaban que ni modo que no pudiera yo brincarme a la otra y en fin…mi fama de enfermo sexual hizo que casi me fuera yo solo. A los treintytantos la mayoría de tus amistades son casados y ni modo que dejen a su familia por irse de viaje de placer. Tal vez se pregunten por que no pensé en algún familiar. Por respuesta diré que no tengo cercanía con ninguno fuera de padres y hermanos, mis papás no quisieron desde un principio por que dijeron “como crees, ese viaje es tuyo y para que te vayas con una muchacha”, como esperando que les rogara o les regalara el viaje a ellos dos pero contrario a eso apoyé totalmente la moción y de mis hermanos los quiero mucho pero francamente lo que quería era descansar de ellos, y sobre todo, dejarlos descansar de mi. Dejen de verme así, además cada uno tenia motivos por los que no podia asistir.

Reitero que se que a Gerardo no le molesta saber que no fue la primera opción en quien pensé para acompañarme pues es lo mas normal que primero pienses en las personas antes mencionadas que en alguien a quien prácticamente no conoces. Y sobre todo se que no le molesta saberlo por que aun y cuando este viaje es una de las experiencias mas grandiosas que he tenido, pues Playa del Carmen, Chichén Itzá y Xcaret son auténticos paraísos, y aunque me encantó el viaje y estoy que no me lo acabo y ya quiero regresar, se que quien mas lo disfrutó, fue él. Ya se darán cuenta por que y lo cual me satisface mucho que así haya sido

DIA UNO. PLAYA DEL CARMEN

Para mi fue todo nuevo en el aeropueto, lo de sacarme el cinturón, los celulares, mi pequeña mochila que llevaría a bordo del avión y todo lo de adentro de mis bolsas del pantalón, -lo cual incluía la estampita de San Miguel Arcángel que mi madre insistió trajera conmigo- para luego poner todo adentro de la charola para ser visto por el escáner de rayos X. Una vez que vieron que no llevaba latitas de jumex ni foquitos para improvisar bombas falsas me dejaron ir y me persignaron con mi estampita otra vez y ya nos fuimos a la sala de abordar.

El Gerry se acercaba constantemente a la pantalla que indicaba los vuelos y venia a mi lugar a decirme que no aparecía el de Cancún, yo le pedía tranquilizarse asegurándole que el boleto que teníamos en la mano decía Cancún, 8:30 AM; una vez en playa del Carmen me confesó “es que soy muy desesperado”.

Nombre, si ni se nota –le contesté-. Una vez anunciado en el altavoz en español y en inglés con acento muy mexicano nos formamos para abordar el avión. Arriba me advirtió

-Yo siempre escojo ventanilla

-No seas infantil mi Gerry, además es la primera vez que vuelo y este viaje lo gané yo, lo siento, la ventanilla es para mi.

El avión cerró sus puertas y comenzó a moverse lentamente al tiempo que las azafatas hacían su tabla gimnástica de “el avión cuenta con seis salidas, dos al frente, dos en las alas y dos en la parte posterior” Yo me persigné discretamente no por que me avergüence de mi religión si no por que siempre si da un poco de pena que se den cuenta que es uno un cobarde que le tiene miedo a lo desconocido. Gerry lo percibió y me secundó persignándose y el resto del avión se dio cuenta entonces. Para tranquilizarme sobrevino la simulación de cómo ponerse una mascarilla en caso de despresurización y ya para terminar de sentir mucha paz, le di una revisada a la carta en la bolsa del asiento de enfrente en la que se advertía que hacer en caso de aterrizaje forzoso y como colocarse el chaleco salvavidas en caso de acuatizaje. Solo faltaba la advertencia de morder bien la identificación para el reconocimiento de cadáveres.

Por fin el avión tomó pista, debo decir que Magnicharters no tiene aviones así que digas nuevos nuevos, se nota en el desgaste de la pintura y en los interiores, pero hasta eso que llegamos con bien a Cancún, pero regresando a la pista comenzó a tomar velocidad y a zangolotearse como microbús de la ruta Indios Verdes-Cuautepec Barrio alto, hice caso omiso de la advertencia de apagar todo aparato electrónico y grabé el despegue con mi celular, despegue que por cierto parecía no ocurriría nunca pues corría y corría y ya cuando pensaba que íbamos a agarrar la autopista la aeronave comenzó a elevarse y en cosa de dos patadas ya iba yo viendo tendederos con ropas lamentables, antenas satelitales, el lago, los volcanes y hermosos paisajes con capas de nubes a distintos niveles, al poco rato el mar. Lo dicho, ni se siente nada, bueno solo cuando vira que se ladea como en curva de la México-Tuxpan, y cuando entra en “bolsas de aire” según me contó el Gerry. Yo sentía como si pasáramos los topes o baches múltiples de mi amado Ecatepec.

Como compañeros de vuelo me tocaron puras personas a las que su papá no les decia de niños “pasa al baño por que allá no va a haber ¿eh?” porque ah como siente fascinación el naco por mear en las alturas, no dejaban libre el baño, digo, yo fui por que lo mio si era una verdadera necesidad, aunque no por eso dejé de aprovechar el juguito que me regalaron y mi minisandwich con el que no me alcancé a tapar una muela. Al entrar al baño no dejé de preguntarme como es que les sigue pareciendo una fantasía a muchos el copular dentro de ese cubiculo tan reducido.

Ya estaba yo acostumbrándome a las alturas y me sentía yo todo un Barón Rojo contra el mula Snoopy cuando el avión comenzó a perder altura, ay no –pensé- pero si apenas hemos de ir por Tehuacan, y de repente observé una selva espesa, ya me imaginaba protagonizando nuestra versión región totonaca de “Lost” cuando el capitán anunció que nos fajáramos el cincho y en poco rato, suelo, leve chicotazo y ni dos horas después de despegar estábamos en Cancún, lo cual sentí luego luego al salir del avión pues sentí un bochorno como si estuviera pasando enfrente de una tortillería. Debido al frio por la mañana aquí en el D.F. iba de suéter y chamarra de cuero lo cual además de ridículo me hacia sentirme muy caluroso. Llamé a mi casa para cumplir mi promesa de hacerlo al aterrizar, mi madre rezó tres magnificas de agradecimiento, el Gerry insistía en buscar donde rentar un carro para movernos los tres días, amablemente le dije que se sacara mucho y nos encontramos con el tipo de la agencia de viajes quien nos llevó a nuestro hotel en Playa del Carmen, como a 40 minutos del aeropuerto.

A partir de aquí y en todos lugares donde nos esperaban se dirigían primero a el, “¿Chavez, Gerardo? Nos preguntaban, creí innecesario explicarles que en todo caso el titular era yo,
-aunque ah como me daban ganas- además en todos lados lo confundían con gringo ¿habla español señor? lo cual me convirtió automáticamente en su mozo, lo cual se lo creyó y tomó muy apecho pues a menudo me pedía que le ayudara con su chamarra, sus toallas, su maleta, yo amablemente, lo mandaba al demonio.

Al llegar a la recepción entregué el cupón correspondiente, como era de esperarse la linda recepcionista me preguntó

-¿Chávez Gerardo?

-Eh…no y si, verá el es Chávez Gerardo pero yo …

No me dejó terminar y comenzó a explicarle al Gerry las reglas, nos entregaron unas toallas, nos hablaron del club de playa, entonces apareció un nativo, es decir un guía de turistas del lugar haciendo lo que todo mundo hace allí, venderte algo y hablarte mal de la competencia.

No terminaba de mencionar el vocablo maya Chichón-Itzá cuando el Gerry interrumpió emocionado.

-¡Si! ¡Si! ¡Vamos a ir mañana! Cóbrese dos lugares.

El hombre gustoso hizo la nota yo me preguntaba a que horas decidimos eso de ir mañana a Chichen Itzá.

Emocionado el Gerry exclamaba una y otra vez de manera efusiva y aderezado con ademanes “es que venir aquí y no ir a Chichen Itzá, es como no venir”. Cuando lo repitió por tercera vez me dieron ganas de señalarle que era suficiente. El guía nos intentó vender más paquetes a Tulum, Xel-ha, Cobá, Xcaret, y demás lugares difíciles de pronunciar pero me adelanté a decirle que teníamos que discutirlo primero antes de que el Gerry le comprara todo el itinerario.

-¿Tienen planeado alguna otra actividad?

-¿En donde está el table? –Preguntó el Gerry emocionado- Me dio un poco de vergüenza de que fuera a pensar el guía y la recepcionista que seguramente escuchó pues estaba a pocos metros, que éramos un par de nerds que pagaban por sexo y que veían una visita al table por allá con la ansiedad de quien nunca coge así que no me quedó mas que preguntar.

-Si, ¿en donde está el table?

-El hombre nos mostró un mapa de la ciudad, atentos observábamos sin perder detalles, como si nos estuviera dando la localización de un tesoro enterrado. Aquí está el malibú, mas para acá está blue marlin y finalmente por acá el Chilly Willy.

-¿El Chilly Willy? –Preguntamos a coro-

-Si es el mejor de por aquí…entonces se nos acercó y nos dijo en secreto.

-No tiene mexicanas.

Al instante pensé que se refería al hecho de que eso era una enorme ventaja pues no eran mexicanas, es decir unas mujeres volátiles que iban por la vida diciendo que no planeaban casarse pues eran liberales, autosuficientes y habían hecho una carrera universitaria pues no querían repetir el patrón visto en casa en el que mamá era una mujer sojuzgada “yo me quemé las pestañas para no quemarme los dedos en un comal” y no necesitaban a un hombre y al paso del tiempo doblaban las manitas con un alguien que por supuesto no se trataría de mí y terminaban casadas, o quizás se refería al hecho de que las mexicanas se quejan de que no eres detallista y no te acuerdas de las fechas y no demuestras tus sentimientos, pero si acaso demuestras tus sentimientos, te acuerdas de las fechas y eres muy detallista, entonces se aterran de que alguien las ame y salen corriendo argumentando “es que no eres tu, soy yo”.

Pero no, este tipo se refería simplemente a atributos físicos, “Hay puras checoslovacas, polacas, rusas, rumanas” Una vez caída la cortina de hierro la Europa del este ha provisto al mundo de pornostars y teiboleras lo cual se agradece bastante. Pero nos advirtió “nomás que ahí es caro, por eso les di varias opciones dependiendo del presupuesto”.

-Queremos uno no tan caro –señalé- que se sobreentendía que quería decir “el mas barato pues estamos jodidos”. Así que nos habló del Malibú Ahí encuentran variadito, hay de todo, mexicanas y extranjeras y sin gastar mucho se la pasan bien.

-No pues vamos a donde hay mexicanas, hay que consumir lo que el país produce. Dijo el Gerry y al terminar se carcajeó autofestejando su sobado chiste. Se escuchó el sonido de un grillo en los arbustos. Rato después el Gerry repetiría varias veces ese chiste y el de “vimos unos senotes sagrados y nalgas marinas” Soporté estoico.

También si quieren –añadió el guía- puedo conseguirles unas chicas para que los acompañen, están permitidas las visitas en este hotel, es un servicio de escorts que por ochocientos pesos los pueden acompañar durante una hora y pues…ahí con ellas…puede pasar todo. Entonces repitió con énfasis la última palabra y separándola en silabas “TO-DO”. Un calor me invadió el cuerpo. Podía pasar “TO-DO” Lo bueno que traje condones –pensé- mientras mi mente era una sumadora electrónica que estaba ajustando gastos en todo lo demás con tal de que alcanzara de manera holgada para que pasara “TO-DO”, ah por que yo con una hora no iba a tener y luego iban a ser tres días.

-Bueno de eso te avisamos al rato, ahorita nos vamos a instalar y ya te buscamos para eso.

Pedí la llave del cuarto antes de que el Gerry se me adelantara, como era de esperarse, me topé con pared.

-Las habitaciones se entregan hasta las tres de la tarde, son las doce del día, pueden cambiarse en el baño y dejar su equipaje aquí, ya desde ahorita pueden ocupar nuestro club de playa si así lo desean. Está a unas cuadras de aquí, pueden usar los camastros, las sombrillas, las toallas, la alberca, el sol, el borracho, el valiente, el soldado, lotería..

Así lo hicimos, cuando enfilamos hacia el mar y nos íbamos acercando se me fueron llenando los ojos de lagrimas, es que me entró una basurita en el ojo, Ya en la playa maravillado por el paisaje no daba crédito a lo hermoso del mar turquesa, a la arena tan blanca, a las múltiples bañistas de todos tamaños y nacionalidades, a los pinches europeos que humillaban con esos abdómenes de lavadero, bronceado perfecto, ojos verdes. Bueno el Gerry tiene ojos azules aunque músculos en reposo (panzota), calvicie prematura y un color de piel que envidan en las morgues.

De camino a la playa había notado que todo mundo caminaba en traje de baño aun y cuando el mar estaba algo retirado. Mi pudor y timidez no me dejaban quitarme la playera y así descubrir mi tórax de mexicano que cena como pelón de hospicio y considera el ejercicio como un martirio y por lo tanto lo omite. Además esa ridícula forma de pensar que le hace a uno suponer que todo mundo lo está viendo y se van a comenzar a reír en cualquier momento me tenían así hasta que algo me hizo sombra. Se trataba de un alemán con una timba impresionante la cual lucio orgulloso con todo y bikini a media nalga. “Se vale todo” –pensé- entonces por fin me despojé de la playera y sentí una libertad impresionante. Cuando sentí sed me acerqué al bar del club, como no bebo alcohol luego de checar los precios exorbitantes de los jugos preferí caminar hacia el oxxo como a cincuenta metros de la playa, para entonces lejos de sentir pudor andaba para todos lados en cueros. Me voy a venir a vivir para acá –pensé-.

De principio nos cuidábamos bastante del sol, conseguimos camastros con sombra, me apliqué el bloqueador y el Gerry se aplicó una capa gruesa del suyo en todo el cuerpo como si lo hubieran sumergido en un enorme tarro de crema y cantidad suficiente en el rostro que lo asemejaba con señora de mascarilla nocturna. Rato después decidimos que queríamos tostarnos un poco y preferimos el bronceador y el sol directo, cinco minutos después el Gerry agarró un tono rojo camarón que me atemorizó.

El mar era mas bien tranquilo, sin olas que temer por lo tanto había mucha gente nadando en el, parachutes, motos acuáticas, bananas y un chilango lleno de miedo que caminaba por la orilla solo para mojarse las patas, aun así cada que el agua lo alcanzaba sentía desestabilizarse y buscó con la mirada a la silla del salvavidas por si las de hule. Me he de ver bien cobarde pero que esperaban si las únicas veces que me meto al agua es cuando se inunda la avenida. –Pensó- es decir, pensé pero aun así sentía un gusto indescriptible por todo lo que estaba sucediendo. Después descubrí una alberca con camas de masaje a las orillas y le pregunté a un tipo que si podíamos usarla o pertenecía a otro hotel. Me pidió le mostrara la pulsera y me dijo que la podía usar pero que antes se duchara uno para tirarse el bronceador y la arena de las patas. Le avisé al Gerry del hallazgo, le valió madres lo de enjuagarse y se metió con todo y arena y capa gruesa de bloqueador.

-No mames, te acabo de decir de las regaderas.

-Ah deveras. –Dijo ya dentro de la alberca-

Debo confesar que el Gerry tiene una habilidad envidiable para nadar y echarse clavados. Cuando digo envidiable no lo digo en sentido figurado. No se que me hizo suponer que nadar es muy fácil así que le pedí un favor.

-Enséñame a nadar.

Por respuesta me dijo “sale, mira te paras aquí, te avientas así” (sonido de splash) y luego mientras nadaba me dijo “y le haces así”.

-No chingues, te estoy pidiendo unas clases no que me enseñes como lo haces tú, es como si me pidieras que te enseñara a tocar el piano y solo me aplastara yo a tocar algo de Chopin y esperara que luego lo hicieras tu igual.

No se tocar nada de Chopin pero lo dije con voz firme y tal convencimiento que por un momento sospeché que si.

-Pues es que no se como enseñar

-Olvídalo

Pensé que nos veríamos demasiado gays (ya de por si todo mundo lo sospechó todo el tiempo de nosotros) si el me sujetara en la alberca y me estuviera ahí haciendo perder el miedo, por lo tanto me metí. El agua estaba bien fría, el pizarrín se me hizo del tamaño de una nuez pero me aclimaté pronto, y poco a poco fui perdiendo el miedo y conseguí por lo menos andar dentro de la alberca. Rato después se metieron varios tipos y muchachas que nadaban con destreza. Volví a odiar no saber nadar y me salí lamentando la manera en que se pega el traje de baño y evidencia los excesos en un lado y las carencias en otros.

Saqué la videocámara y grabamos algunas escenas, cuando se la pasé al Gerry no dejó de buscar las topless como todo adolescente. Como todo adolescente de cuarenta.

Atardeció, el sol se ocultó y finalmente nos fuimos a instalar en la habitación para después salir a comer algo. En la recepción nos pidieron firmar unos papeles mediante el cual nos cambiaban a un hotel de mejor categoría, supuse que se trataba de un gancho para ensartarnos con algún cargo extra. Me aseguraron que se trataba de una cortesía en pos de promocionar el nuevo hotel. El Gerry sugirió ir a verlo primero, así lo hicimos, y efectivamente era un mejor hotel, más amplio con más atracciones. Si, nos cambiaríamos. Peor a final de cuentas nunca lo hicimos pues salíamos muy temprano y regresábamos ya tarde y solo ocupábamos la habitación para dormir. No se para que demonios me empeñe en un buen hotel cuando me ofrecieron uno pequeño cuando me gané el viaje. Un hombre en el lobby del hotel grande nos ofreció un viaje a Xcaret pero nos recomendó pagarlo en dolares pues saldría mas barato, calles después otro hombre nos ofreció un viaje tambien a Xcaret, metros adelante otro hombre nos ofreció un viaje; adivinaron, a Xcaret. Entonces sonó mi celular, era mi madre. Pensé que me iba a preguntar si no pensabamos ir a Xcaret, pero no, solo queria hacer lo suyo, saludar, manipular y chantajear un poco. Saludé a mi sobrina quien me preguntó que le iba yo a comprar, las despaché pronto y llegamos a la habitación.

Salimos a comer, eran las siete de la noche. Un par de vueltas por toda la avenida principal y con una indecisión desesperante pues el me decía todo el tiempo “donde tu digas eh? Yo por mi…lo que tu digas” Y a mi se me antojaba todo pero por nada me decidía, terminamos en un pequeño local de mariscos comiendo pescado y tacos de camarón. Adictos al internet como somos vimos un cibercafé atendido por un francés y nos detuvimos el a su facebook y yo al twitter, en donde me di cuenta por vez primera que no era domingo como yo lo sentí todo el tiempo, pues los periodistas hablaban de la tragedia de Haití, la reforma política y asuntos de un día hábil en el resto del país, es decir unas calles adelante, donde terminaba la zona turística.

Rato después de regreso en el hotel discutíamos acerca de donde divertirnos. Me habían dado el teléfono del hermano de mi director musical, quien toca en el Señor Frogs, era ir allí, o ir al Coco Bongo en donde el puro cover cuesta 950 pesos, o ir al table. Está bien, vamos al table. Al poco tiempo estábamos a bordo de un taxi y le indique al chofer lleno de seguridad

Llévenos al Malibú

-Pero ese ya cerró, ese abre de 1 a 9

Me lleva –pensé- que pinches horarios son esos, ¿que acaso la clientela son niños o como?
Entonces le pedí nos llevara a uno que el conociera de similar rango

-Vamos al “huevas” –Dijo el taxista-

El dichoso “huevas” estaba lejos de la zona turística, en plena ciudad-pueblo, la cual estaba bastante lejana del ánimo festivo de la playa y los turistas como nosotros. Por fin llegamos al lugar que nomás de ver la fachada me dio desconfianza, una vez dentro la calidad de instalaciones y mobiliario me hicieron sentir en una lonchata, piquera, bule, congal de lo mas barato de esos que existen por mi barrio y se llenan de macuarros los fines de semana y los que debo aceptar alguna vez asistí. Bueno está bien, muchas veces. Me gustaría platicarles que tan guapas estaban las chicas que ahí trabajaban, pero solo estaba el tubo y la pasarela, no había chicas arriba, ni abajo, ni por ningún lado. No había tampoco ningún otro cliente.

Nadie atinaba que hacer o decir, por fin el Gerry rompió la tensión.

-Muéstrenos la carta

-No tenemos carta dijo el muchacho, solo cerveza y botellas.

-¿Dónde están las muchachas? –pregunté ya encabronado, debo aceptar-

-No han llegado, al rato a ver si llegan.

Nos salimos, caminamos hacia una avenida, me compré una hamburguesa y el Gerry unas gotas para los ojos de borracho que traía a causa del cloro de la alberca. Y como a las diez y media de la noche ya estábamos en nuestra habitación. Si, era una noche en la que pudo haber pasado TO-DO, pero terminó pasando NA-DA. Dos hombres solteros de no malos bigotes con una buena mezcla de vigor que da la juventud y experiencia que dan los treintaytantos estaban en su hotel viendo el noticiero y se aprestaban a dormir.

Preferí salir a caminar y buscar donde comprar dólares a mejor precio, fue ocioso pues los daban prácticamente a lo mismo en todos lados, al regresar me comí la hamburguesa, me tomé una pequeña botella de agua y mi café del seven-eleven acompañado de un cigarro pero no pude dejar de hacerlo sintiendo que lo molestaba, abrí la ventana y terminé por salir a fumar al balcón, el nunca aceptó que le molestaba el humo de mi cigarro. Lo dicho, la gente odia a quien fuma. En la calle los turistas deambulaban por las tiendas, los restaurantes y los antros, el sonido era una mezcla de distintas músicas y barullo de todos lados.

-¿No tienes sueño?

-No mucho, yo duermo poco.

-¿Qué vas a hacer?

-A ver si puedo escribir un poco

-¿Trajiste tu laptop?

Por respuesta le enseñé una pluma y hojas que había traído conmigo. Puse la pluma sobre el papel y comencé a dibujar garabatos mientras pensaba en cosas que me giraban en la cabeza desde México. Terminé por no escribir nada.

-Si quieres háblale al señor que consigue las chicas para que te traiga una y yo me salgo

-Ya duérmete

Me di un baño y me recosté viendo la televisión, entonces fue que me di cuenta que al Gerry le costaba mucho trabajo conciliar el sueño, se daba mas vueltas en la cama que chinicuil en comal, se tapaba la cabeza con la almohada, se ponía boca abajo, de un lado, de otro, apretaba los ojos.

-¿Te pasa algo? ¿Te molesta la televisión, ¿le bajó aun mas? ¿Le apago al aire?

-No, no, estoy bien, estoy bien –contestó-

-Que sería si estuvieras mal. –Me pregunté en silencio-

Me quedé dormido con la televisión prendida y por la madrugada fui despertado por la figura de Gerry caminando en el cuarto y buscando el control remoto para apagarla.

Me desperté muy temprano y me metí a bañar, cuando salí el Gerry traía un semblante de quien no había dormido bien y un pelo como si lo hubieran atropellado pero aun así lo negó en todo momento.

No, estoy bien, estoy bien, bueno es que…no sé, había mucho ruido en la calle, mucha gente haciendo escándalo y luego una barredora mecánica, ¿no la escuchaste?

-Para nada, y pues el ruido de los turistas borrachos es normal, estamos en la zona turística de Playa del Carmen, lo anormal es irse a dormir temprano como nosotros.

Mientras se bañaba puse el noticiero en donde se seguían dando notas de Haití y el terrible sismo. Rato después se calzaba sus chanclas y sus lentes de una sola patita.

-Órale mi Gerry, una recortadita de uñas, ¿nada? Parece que duerme usted en el palo de una jaula. Dijeron que sirven el desayuno a las siete ¿no? Faltan diez, perame ya mero termino de ordenar mis cosas, no encuentro mis gafas. A las siete cuarentaycinco nos citaron para pasar por nosotros para Chichen Itzá. Voy a ir de zapatos y pantalón, no compramos repelente y nos dijo el guía que hay un chingo de mosquitos.

Todo eso lo dije esperando a ser oído por el Gerry mientras me acomodaba los calcetines y me amarraba los zapatos, suponiendo que mi interlocutor estaba en la entrada del cuarto. Cuando levanté la cabeza no había nadie, me asomé al balcón y ahí iba con su particular estilo cruzando la calle enfilándose hacia el restaurante

-Es lo bueno de viajar acompañado –pensé-

Una vez dentro lo busqué con la mirada y ya estaba sentado desayunando con avidez un generoso plato de chilaquiles, huevo, carne, salsa, chantilly, miel, granola, pan y un vaso de leche. Me senté en la mesa y antes que pudiera decirle nada me señaló

-Es bufett, te tienes que registrar y formar, apurale por que si no te dejan atrás.

-Aclaremos las cosas mi querido Gerry, ¿este viaje va a ser de cada quien por su lado o de hacer las cosas juntos?

-Por respuesta se sonrió y dijo “es que soy un poco desesperado”

Entonces la vi, estaba anotando en un libro a la bola de nacos gringos y el par de nacos chilangos que llegaban a desayunar, rato después me enteré que se llamaba Selene. No, por supuesto que no se lo pregunté, leí su nombre en el gafete que portaba.

Continuará…

ENVIDIA

enero 14, 2010

Hace algunos días se suscitó en Twitter un debate acerca de la envidia, la pregunta era en torno hacia si la había uno sentido alguna vez y hacia que o quien. Como era de esperarse la mayoría se desmarcó, no se fuera a pensar que nosotros seamos capaces de tal bajeza, por favor. Envidiosos los demás: mis vecinos, los incultos, los nacos, la gente sin principios, los que no participan de este debate, los que no están en Twitter, y en general toda esa bola de personas indeseables que conforman ese lejano grupo de “los otros”. Los que aceptaron sentirla no dejaron de hacerlo en tono burlón para aligerar la culpa y por otra parte el grupo de de los que piensan que si acaso llega a sentir envidia lo hace en esa versión buena onda e inverosímil a la que la gente llama “envidia de la buena”. Acabáramos.

La envidia se podría definir como “el malestar causado por el bienestar ajeno”, luego entonces la envidia es un defecto de carácter, un padecimiento, algo que carcome, no me vengan entonces con su payasada de “envidia de la buena”. ¿O acaso alguien ha oído hablar alguna vez del “cáncer del bueno”?

Considero que a lo que la gente se quiere referir con este raro término es a ese deseo natural y legitimo por igualar o incluso superar de manera honesta los bienes o logros de otra persona. Es mas fácil sentir “envidia de la buena” por alguien bonachón, risueño, carismático y si peor aún si es bien parecido. Pero si acaso la persona en cuestión comete el grave error de no caernos bien entonces si cuídate Juan que ya por ahí te andan buscando. Curiosamente cuando vemos que a ese alguien le está yendo muy bien lo mas fácil es pensar en la manera en que consiguió progresar, nuestra suspicaz mente vuela hacia negocios ilícitos, favores sexuales y demás linduras que mas que hablar de la conducta del otro, habla de la pobreza mental de quien genera estas ideas. ¿Qué si yo he pensado de esa manera alguna vez? Ay por favor, es duda me lastima. Por supuesto que sí.

Por otra parte existe otro tipo de envidia que no anhela los logros ni los bienes de otro, si no seres humanos, si, personas, ¿poseer personas? Pero de que habla este pendejo –piensa el lector- si la esclavitud ya se abolió, no se pueden poseer personas.

Me refiero a los amores de otra persona. Fuera máscaras, voy a preguntarle amable lector y contésteme sinceramente, al cabo que queda entre usted y yo. ¿Alguna vez ha deseado a la pareja de su prójimo?

Yo también, pero despreocupese, pues este es un sentir tan natural y antiguo como la humanidad misma. Si usted profesa o por lo menos conoce la religión católica recordará el mandamiento que ordena “no desearás la mujer de tu prójimo”. No se refiere en si a no desearlo, si no a evitar actuar en consecuencia, pa pronto, es natural que te guste una mujer hermosa la cual muy probablemente ya sostiene una relación con alguien mas, bueno pues que te guste y ya, admírala pero no te obsesiones por que en el pecado llevarás la penitencia, ya que si comienzas a desear obsesivamente y eso te lleva a actuar en pos de realizar tu deseo, te puedes llevar frustración, peligra tu salud mental y física (te pueden matar o peor aun, tirarte los dientes). O en una de esas se te hace, siendo así no hagas caso, seguro todo lo anterior lo escribí por que me das envidia, ya que yo nunca me he salido con la mía, mucho menos con la de mi vecino. Esa si que es envidia de la buena, de la vieja tan buena que tiene mi vecino.

Habrá notado el lector que terminé tuteando, seguramente por que eso ultimo mas que decírselo a usted me lo dije a mi. Leí alguna vez que particularmente este mandamiento fue ideado por quien lo redactó con el fin de evitar enfrentamientos que terminaban en guerras y que todo comenzaba por desear a la mujer de otro. Idea que cuestiona en primer lugar que los mandamientos hayan sido escritos por Dios y dados a Moisés en el monte Sinai. En donde por cierto el mandamiento decía “no desearás la mujer de tu prójimo, ni su casa, ni su asno, ni su buey, ni su criada, ni cosa alguna de tu prójimo”. Ah chingá pues como que con decir “no desearás nada de tu prójimo” o “no envidiarás” hubiera bastado ¿no? Ya desde entonces era medio misógino don Diosito con eso de poner a la mujer y al asno y al buey en el mismo conjunto de bienes de una persona.

En tiempos de la colonia aquí en la Nueva España había un refrán que rezaba “si no se quita el noveno/ y el sexto no se rebaja/ ya podrá Diosito bueno/ llenar su cielo con paja. Señalaba lo anterior que es humanamente imposible el no desear la mujer del otro ni fornicar, “fornicar” es esta manera que tiene la iglesia para nombrar a realizar actos sexuales sin fines reproductivos, como si solo para eso cogieramos las personas. Como si el erotismo –cualidad de los humanos- fuera una aberración.

Para terminar, (al fin -pensó aliviado el lector- como se cuelga este wey) la envidia es un defecto de carácter, la iglesia los llama pecados, pero no son otra cosa que instintos humanos fuera de control, cosas con las que nacemos y que en la medida en que no nos dejemos dominar por ellos seremos íntegros, felices y entonces si, la chulada de personas que ya desde ahorita creemos ser. Ya lo dijo uno de esos próceres que se dedicaban en sus ratos libres a decir frases celebres “El que domina a los demás es fuerte, el que se domina a si mismo es invencible”


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